nota de suicidio de la señorita rottenmeyer
hay un atardecer sin coberturas,una burbujeante cuerda floja, unaverga inmóvil que todo lo ve.su imparcialidad (la de los muertos) fue puesta en dudapor los observadores internacionales, enemigosde la poesía, que dieron por válidad su quietud,aunque reprobaron la usura de su lenguaje (una jerga en cuyo interior germinaban todas las ruinas),era, decían, una lengua ajada, sin saber quesu lengua sería la guillotina.libros sociales que evitan hablar de políticaapabullan a las minorías de furgonetas blancas.tantos atardeceres ideales, ¡tanto durkheim!cuando lo que necesito soncortisona y besos.
soñé que te buscabaa través de azoteas llenas de inquietud
y desde la orilla de un tejado te veía
abajo, en la ventana
colocando escarcha y adornos de navidad
en la vida real están todas las caídas
todos los partes médicos
todas las enfermeras
bajo mis párpados somnolientos está Ad Dammam
soñé que me llamabas desde allí
con esperanza y sin ella
que, entre risas, me contabas
cómo era el mar, que habías soñado
que un mono gigante te perseguía
a través de terrazas y azoteas interminables
que volabas sobre los tejados
y que a la orilla de uno me encontrabas
inacabado y frío
como un bosque.
die glückliche Hand (la mano feliz)

La mano desafortunada fue la izquierda.
El efecto de una ligera sobredosis de lorazepam no es muy diferente al pedo que te proporciona el opio. Mis mejores colapsos los he tenido con sus derivados, pero no hay nada comparable al efecto hipnótico, amnésico y sedativo de la benzodiacepina. Ni fenciclidina ni hostias: codeína... o morfina. Un hombre que duerme. Algo se ha roto. Pero vayamos por partes. Hoy la he visto por primera vez en el jardín. No la he saludado según el protocolo, no hacía falta. Tan sólo le he hecho un comentario soez. Ella se ha lanzado a mi cuello como un perro de presa. La suerte está echada y a mí me ha tocado la sota de bastos. He pensado en hacer una pequeña confesión a la cámara de vídeo, aunque esté a oscuras. He pensado en encenderme medio cigarrillo, pero llevo un rato oliendo a gasolina.
En cierta ocasión, durante una fugaz visita a Enoshima, Ángela me contó que en el colegio tardó mucho más tiempo que el resto de sus compañeras en desarrollar los pechos. Me lo dijo mientras se probaba un bañador en una de las tiendas de la playa. Yo por entonces estaba enamorado de ella y la escuchaba idealizándola. El relato de aquella etapa de su juventud es fácilmente resumible en unas cuantas frases asépticas e intercambiables. Aprendió a ser ignorada y a no desear nada de nadie. Aprendió a pasar desapercibida y eso no le importaba. Todo cambió tras una operación de reacondicionamiento del tabique nasal: el animalillo de cabeza rota, que aún guardaba una aprensión atroz al sexo masculino, se convirtió en una bella princesita imperturbable, severa y, por qué no decirlo, también anodina. Eso pude saberlo por las pocas fotos suyas que vi de aquella época. Tras aquellas inolvidables vacaciones en Kamakura, una vez consumada toda mi turbación y habiéndola idealizado hasta la caricatura, nuestros encuentros volvieron a ser estrictamente profesionales. Ella se había dado cuenta de cómo era yo realmente. Había defraudado sus expectativas. A ojos de los demás seguíamos siendo amantes. Seguíamos durmiendo juntos, pero ya no nos tocábamos. Lo estuvimos haciendo durante un tiempo para darle un toque hierático a nuestra alianza dentro de la corporación. Un día comenzamos a contarnos nuestras penas y glorias a través del mail de la empresa. Inconscientemente lo hacíamos para ser descubiertos. El resto fue tan fácil que aún hoy me cuesta aceptarlo. Su padre reaccionó de manera positiva, desde el momento en que entré a trabajar para él me había tenido en estima y, en lugar de matarme, simplemente me retiró la palabra y me subió el sueldo. La separación de cuerpos fue fácil, teniendo en cuenta el historial de abandonos, rupturas, desencuentros, huelgas de hambre e intentos de suicidio que la precedían.
Pienso en ella y no la odio. Aunque, cuando me despierto por las mañanas, me entran ganas de estrangularla. Cuando la veo ahí echada con esos aires de ángel ciego, cadavérico, desmantelado como rapiña, me entran ganas de vomitar las opíparas cenas, las confesiones inútiles vertidas en ellas. Liberaría toda esa sangre que fluye bajo su piel tersa: una pleamar ácida, relente y dura como el océano. Sus pestañas, larguísimas, oscuras, glaciales como coños petrificados en almíbar, me miran sin mirarme, porque es un ángel ciego, abandonado a las fieras, que mira sin mirarme, que me mira sin ojos. Pienso en todas las mamadas que me ha hecho por las mañanas, después de haberla estado observando catatónico; pienso en su nuca caliente haciendo nubes que giran azul eléctrico como caballitos de mar a punto de nieve y me da pena. Siento lástima por ella. Por su cuerpo cansado y anodino. Pienso en ella y me entran ganas de estrangularla.
Hoy he vuelto a dormir en su casa. Ángela, como de costumbre, ha comenzado a joderme la vida con sus lloriqueos nada más despertarse. Quiere que la lleve de vacaciones a Seychelles. Ha discutido nuevamente con su padre. Yo lo que quiero es que volvamos a estar juntos. Una vez aplacado su lloriqueo, la señora Sakami ha entrado para abrir los paneles y servirnos el café. La señora Sakami es la masajista de mi ex prometida, vive con ella. Tiene cuarentaitantos y, a pesar de su increíble facilidad para quedarse dormida, es hiperactiva. A veces permanece en silencio, siesteando junto al sicomoro del patio. Podría dormir perfectamente el sueño de los justos con una cigarra pegada a la oreja. Doy un sorbo al café mientras me masajea los pies y me percato de que tengo un mensaje de mi amante en el facebook (no soy de tener mucha simultaneidad de amantes, por mi tendencia a los somníferos y a los hipnóticos de largo alcance), el café hoy es más amargo que de costumbre, debo tener las papilas gustativas atrofiadas o han cambiado de proveedor. Es un mensaje interrogativo: “¿qué sonido hace una mano que aplaude sola?”. Qué estupidez. Ninguno, joder. Borro el mensaje. Cojo el móvil. Voy a “llamadas realizadas” y borro su teléfono. Lo mismo hago con las llamadas entrantes. Me aseguro de no tenerla almacenada en la agenda. No es la única manera que tengo para controlar esta pulsión de muerte que me convierte en un ser perturbado y acechante. Mensajes errantes, mensajes que se empujan los unos a los otros a los charcos, mensajes que te pegan a la salida del colegio. El balón de oxígeno me ha durado hasta el medio día y luego he salido para el trabajo. Pero antes debía pasar por casa a recoger el portátil y mi coche. La JR estaría atestada. Julio podría llevarme en el Aston Martin. El tiempo del trayecto lo aprovecharía leyendo los últimos capítulos de Kawabata. Tal vez Deleuze, si hubiera conocido Lo bello y lo triste, la hubiera mencionado en Lo frío y lo cruel. Deleuze nos recuerda que hay que aprender a ser sujeto. Ser objeto es lo fácil. Recibir escupitajos en la cara dignifica la presencia extramoral del cuerpo. Lo arduo, lo verdaderamente complicado es ser sádico. Sádico de veras. Un puto místico en serie. La forma más jodidamente excelsa en que se pueda manifestar un ser humano. Un ser sádico, reprimido, que en la infancia lee vidas de santos y en la adolescencia Julieta o el vicio ampliamente recompensado, absolutamente fascinado por la fuerza sobrehumana de la propia sangre turgente y comprimida bajo la piel, que se vuelve poco a poco un placebo con disfraz de tigre, un peligro para la propia existencia. Entonces, aunque ya es demasiado tarde, caigo en la cuenta. Él, sujeto, por medio del engaño de la literatura, ha perdido su verdadera esencia, y ha de volver a los escarceos sádicos en el seno de la familia celestial. Ella fue quien me arrancó de la matriz y cocinó las vísceras a la madre de dios. La sombra de mi amante crece tras los innumerables objetos que acompañan las evoluciones de mi cuerpo desde que he salido de casa de Ángela acompañado por Julio. Como si llevara un petardo metido en el culo.
Mi cuerpo no esperaba verla. Verla a ella. No a mi compañera. No a Ángela: a ella. Su juventud contiene toda la crueldad, todas las conquistas del psicoanálisis, todas las maternidades. Su juventud es oral, limpia, buena, aplastante. Su cuerpo es el cuerpo de la niña-verdugo, el racionalismo de la violencia hecho carne. El cuerpo (mi cuerpo) seguro de sí mismo, el cuerpo y sus órganos, narcisista y dominante, quedará reducido a cenizas, peor aún, a los designios de una niña fría, maternal y severa. Ella estará ahora sentada en el pabellón de tiro, Keiko le habrá servido té o café. Ahora mismo estarán hablando entre ellas.
Había ido a buscar a Julio al garaje pero no lo encontré allí. Fui al parking de la entrada, bordeando la mansión por el jardín de rocas y, en busca de él, me la he encontrado a ella, a la virgen de las rocas, agachada al lado del Aston Martin; la virgen helada, desahogándose tras un macizo de bello estramonio. Su orina surcaba la piedra plana que hay junto al estanque. He fingido mirar hacia otro lado y le he comentado que en las oquedades de aquella roca el maestro Shusaku, de quien fuera discípulo el propio Hokuba, deshacía su pastilla de tinta, con ayuda del agua que la lluvia matinal filtraba entre las ramas de los sauces, y que por ello se decía que el maestro “mojaba su pincel en agua de sauce”. El templete que la había cobijado en los primeros años del shogunato Tokugawa había sido devorado por las llamas doscientos años atrás, durante una tormenta de verano, y del lugar tan sólo había quedado la piedra Ki, plana, que sirviera como escaño de acceso al templete, en donde decían el maestro invitaba a sus amigos a beber sake bajo la luna y en donde, según las crónicas, untaba el pegote poroso de tinta azul con que inmortalizaría sus series de bambú y gorriones. Ahora no era tinta, sino el aceite de un Aston Martin despampanante, lo que honraba a la roca humilde: aceite, gasolina, anticongelante, las micciones propias de una criatura diabólica adicta a la sumisión evidenciaban el paso de los años que separaban aquella mancha oleosa, que aún parecía conservar rastros de tinta, de los pájaros petrificados del maestro Shusaku. “¿Qué coño estás haciendo aquí?”. La pequeña bestia no se molestó en darse la vuelta para contestar: “He venido a pasar unos días con ella, ¿no te ha dicho nada? Jódete.”
No pude evitar estrangularla. Mis manos rodearon su cuello estupefacto hasta que hizo clic. Como la pata de un insecto. Clic.
Pero eso sólo ocurrió en mi cabeza. No tuve agallas. Me despedí con un leve movimiento de cabeza y marché con Julio, que me ha acompañado hasta Yasukuni Dori. Junto a la estación de Shinjuku, en la salida este, compro una cámara de vídeo. Me siento un poco mareado. Es sumergible y apenas ocupa el bolsillo de mi chaqueta. Pago al contado. Ángela es para mí un coño cutre pero acogedor. Pero ella, la virgen helada de las rocas, es la muerte misma, la muerte que viene a visitarte en traje de baño tras una cena abundante y ahora, seguramente, estará hablando con ella, conjurando algún plan siniestro para destruirme. La cabeza me da vueltas. Tengo sueño, parece que me hayan echado arena en los ojos. Me dirijo en dirección al parque de Shinjuku Gyoen, pero al cruzar la alameda giro hacia el barrio marica. Ángela es fría, maternal y severa. Pero ella es la muerte. Ella me llama bella y dulce criatura y me pide la mano. Dice ser mi amiga y pide que confíe en ella, quiere que me deje caer en sus brazos como la Muerte de Matthias Claudius. ¡El viejo truco del lorazepam! Schubert inunda Ni-Chome bajo el sol de la moneda, trepanando los cráneos de chaperos inefables que apoyan sus culitos lampiños en los bolardos de la calle trasera al edificio Bygs. Siento ardor. No debí tomarme ese café. Tengo calor. Me da vueltas la cabeza. Veo un reclamo de un antro que desconozco, el Red Monkey; estoy a punto de comprar tabaco en un dispensador del mismo portal cuando gritan mi nombre a mis espaldas.
No me ha dado tiempo a reaccionar. Me he girado y lo siguiente que he visto han sido las estrellas. El mundo entero ha caído en la noche. He escuchado la voz de Julio, llamándome maricón. He sentido otro golpe en la cabeza, esta vez un poco menos contundente que el primero y luego me han pisado la mano, la mano derecha, hasta que ha hecho clic, hasta que han habido varios clics. Y ahora estoy metido en el maletero de mi coche, un coño primigenio y enmoquetado con olor a desinfectante que me llevará directo a las puertas del cielo.
Nuevas Sagas Literarias

*Innmund, son of Beowulf (Anónimo)
*Guerra y Paz II, Huelga General, por Piotr Machacovski
*Nuevas aventuras de Holden Caufield, por Mark Chapman
*La vida es insomnio, por Jesus Calavera de la Tiña
*Crimen y Fianza, por Nikolai Mogol
*Innmund, son of Ectoplasm (Anónimo)
"Mujeres estúpidas" (Esclavitud Gabali)
Cleopatra, Cleo para las amigas, es una antigua gogó que acaba de salir de la cárcel tras cumplir condena por evasión de impues- tos, usurpación de identidad, falsificación de documentos y estafa. Dispuesta a comenzar una nueva etapa de su vida en la capital, decide mudarse al centro y trabajar como relaciones públicas en una conocida discoteca. En un bar de ambiente, tras una manifestación contra el aborto, conoce a Cloe, una chica especial, solitaria y quebradiza, correctora ortotipográfica y ex locutora de radio, que intenta recuperarse de la pérdida de su madre, enferma terminal, a la que ha estado cuidando en casa durante los últimos seis años. Cleo se convertirá en un gran apoyo para Cloe, pero justo cuando han empezado a surgir los primeros destellos del amor, ésta empieza a desarrollar la misma patología que le arrebató a su madre, comenzando por una ceguera irreversible. A Cloe no le queda más apoyo en esa casa que una desconocida de la que ya ha empezado a enamorarse cuando, cierto día, empieza a intuir la presencia de una tercera persona en las tinieblas del apartamento, al tiempo que su amiga se vuelve cada vez más distante.
Esclavitud Gabali (Madrid, 1979) es una de las escritoras emergentes más prestigiosas del momento. En Iliada Editorial ha publicado Sado Tropa, una crónica familiar (2001) y Una noche menos (2004).
Esclavitud Gabali
"Mujeres estúpidas"
Editorial Ilíada
192 páginas 18.95 €
De H.W. Shortfellow:

Cuando la muerte esté cerca, toda huella de nuestro pasado deberá irse con nosotros indefectiblemente. Eliminar todo vestigio de nuestras vidas, hayan tocado estas la gloria o la miseria más abyecta, será entonces la consigna. Aquello que sea susceptible de producir alguna remembranza en los demás deberá ser borrado de la faz de la tierra; en nuestro anterior espacio vital solo habrá de quedar un vacío negro y enorme como un rastro que les recuerde a los demás no solo lo absurdo de nuestros planes, sino tambien lo ínfimo de nuestro paso por el mundo.
Les Barricades Hystériques II

Por las tardes su desconfianza se acrecentaba como un mero impulso pavloviano; entonces entablábamos una especie de lucha dialéctica que solo se quedaba en las miradas. A veces, mientras preparaba sus medicinas, podía sentir sus ojos sobre mi nuca como un hálito maligno, para luego volverme y encontrarla absorta en la moqueta, como si hubiese allí posado un insecto enorme, una actitud a las claras impostada, por supuesto. Cuando sobreestimaba mi ingenuidad la suya quedaba al descubierto, desamparada. Sin embargo podía darme cuenta de que mis sonrisas y mi actitud diligente le caían como una patada al estómago. Una tarde, mientras le lavaba la cabeza, salió de su mutismo de repente, como sacándose un enorme peso de encima;”Te conozco. Estas aquí por lo del manuscrito anarquista, verdad? Eres de los Servicios Secretos…”, me dijo, con una sonrisa cálida, y en un perfecto francés. Le devolví la sonrisa, intentando disimular mi asombro. “No, usted se equivoca. Soy de los Servicios Sociales.”
No esperaba esa respuesta. Sin embargo permaneció incólume, con su semblante compuesto,pero rígido, y no volvió a pronunciar palabra. Pero sus ojos la delataban; en su parpadeo frenético buscaba otra cosa, una nueva estratagema para desenmascararme sin que me diese cuenta…
Humedad en los pies: ¿cómo combatirla?

1-Lave profusamente los pies con agua caliente y jabón industrial.
(La habitación está en penumbras, salvo por la pequeña vela en el cabecero de la cama que desencadenará el incendio que consuma casi las tres cuartas partes del Quartier Latin.)
2- Una vez secos, masajée sus pies con una buena cantidad de grasa porcina; es un poderoso astringente.
(Una niña pequeña vestida de rojo se dirige con paso torpe hacia la carretera, mientras sus padres hacen el amor entre los juncos. El orgasmo llega con el sonido de un claxon.)
3-Envuelva sus pies con papel higiénico de doble cara; utilice al menos un rollo entero.
(Una de las 300 latas de tomate frito en un supermercado porta la bacteria del carbunclo. Será cogida por la persona más joven, bella y talentosa que alguna vez pueda pasar por allí)
4-Intente caminar durante el día sin apoyar los talones. La concentración de glándulas sudoríparas es allí mayor.
(El único hijo varón, licenciado con honores en la Academia Militar de West Point es ahora la drag queen más desatada de la zona roja de Amsterdam.
5-En caso de persistir la humedad y el mal olor, no salga de su casa.
(Un cuidador de ancianos no matriculado de 35 años envía textos dadá a editoriales y concursos varios, con una única y sonora carcajada como respuesta.)
Les Barricades Hystériques

Mamàn, c'est seulement dans la tête. Mamàn, c'est moi aussi.
Jean Marie Sartre
Cuidé de Mamàn durante los últimos (y más cruentos) años de su vida. Su familia le había asignado un bonito y aséptico apartamento en las afueras de Paris, en un suburbio llamado Boucherons sûr Seine. Allí la habían depositado, junto a su colección de objetos perdidos y recuerdos gloriosos e infames. Su hija mayor, una prestigiosa abogada trabajando para una firma de hidrocarburos en Lyon, me contrató para hacerme cargo de Mamàn por un período de tiempo inicialmente breve, que luego se extendería por dos años y medio. Me faxeó una hoja con instrucciones puntuales sobre su aseo, el estricto regimen de comidas que debía cumplir a rajatabla, el arsenal de medicaciones a ser traídas desde una filial farmacéutica en Frankfurt, y decenas de recomendaciones y notas al margen, algunas de ellas muy curiosas por cierto. Aún recuerdo sus garabatos...: "No la exponga al sol por más de 15 minutos diarios, no le dé de comer después de la medianoche, y sobre todo, jamás le lea a Pynchon, ni mucho menos a Borges. Le causan un prurito incontenible. Borges puede incluso llegar a causarle almorranas". Nada me dijo de su declarada fama como la mejor poetisa sudamericana de posguerra, ni de su protagonismo decisivo en el nacimiento de la nouveau roman como poderosa musa inspiradora, ni de sus amores tempestuosos con afamados intelectuales de la época...Una vez solos, la indiferencia primó en nuestro contacto durante los primeros meses. Siempre que me acercaba a hablarle, ella solo se limitaba a quitar pelotillas de su jersey raído o a mirar distraidamente el tráfico agolpándose sobre la Avenue Le Clychy. Pero yo sabía que ella estaba ahí, que detrás de esa máscara inerme y cerosa bullía una inteligencia ladina, implacable, capaz de conducir a un hombre a las puertas de la insanía, el temple de la auténtica zorra que había sido durante toda su vida.
continuará...
Psycho killer, q’est-ce que c’est?
El frugal almuerzo constó de una ensalada de rúcula y cebollas y unas aceitunas arrugadas que le sirvieron en un cazo muy pequeño. El buffet estaba atestado. Decenas de estudiantes iban y venían cargando carpetas y bolsos, con sus rostros borroneados por algun extraño capricho cuya naturaleza se abstuvo de imaginar. La cacofonía de sus voces; un silencio mastodóntico dentro de la cámara de eco que era su cráneo. No tocó el pan. Mientras hojeaba el TV Guía intentó comprender por qué todo estaba sometido a semejante vibración, como el fuselaje de un avión que atraviesa una gran turbulencia. Tomó dos nolotiles más con un pequeño trago de agua. Tenía la boca reseca y pastosa, como si acabara de levantarse. "Ahora es el momento", se dijo. El instante en el que el futuro inmediato se bifurca, tal como se lo habian advertido. Lo sintió en el hormigueo de sus miembros, en la pesadez de su cuerpo desplomado sobre la silla.... En una de estas dos posibilidades desgajadas, se dirige hacia la barra y paga el almuerzo, coge el coche, y al llegar a su casa esconde el mini uzi que llevaba en el bolso bien al fondo del armario.
B-sides (II)
Una canaleta larga y angosta se extiende a través de un paisaje bucólico de colinas suaves y olmos redondeados. La superficie interior del mecanismo se desliza suavemente, produciendo un sonido tenue de motores agudos. Las paredes están revestidas de una malla de pequeñísimas hojas afiladas, casi imperceptibles al ojo humano. Un grupo de niños sale del bosque, exultante; ninguno tiene más de diez años. Llevan en andas a otro niño más pequeño. Se dirigen hacia el artefacto. Sus voces se alzan en un canto de júbilo salvaje. Anochece. El niño cae a la canaleta. Un momento breve, intenso aunque borroso, un manchón rojo trazando el curso de la canaleta y perdiéndose en el horizonte. Un segundo grupo baja desde una colina, portando antorchas y aullando en la oscuridad. Otro niño, otro aquelarre... Luego siguen cayendo más seres humanos ahí dentro, sin motivo aparente.
B-sides

Una epidemia de locura transitoria se desata en un pueblo del sudeste pampeano. Huyendo hacia espacios abiertos, la gente se ha dispersado, agrupándose en facciones aisladas sin ninguna posibilidad de comunicación entre sí. Un pequeño grupo se ha atrincherado en el cementerio. Han desenterrado a los muertos de sus tumbas. Una mujer rubia abraza un cadáver añejo. Lo acaricia con una lascivia ampulosa, deslizando sus manos por sobre la tela ajada hasta descubrir la carne putrefacta. El cuerpo exhibe una rigidez extrema. Le falta la cabeza. Su piel ennegrecida se cuartea en las extremidades, informe. Insectos comienzan a salir por debajo de su traje, trepando por las manos hasta los brazos de la mujer, que había cogido el cadáver de las manos en la algidez de su frenesí. Escarabajos, cucarachas, ciempiés, ácaros imposiblemente gordos salen a borbotones por debajo de las mangas del muerto. El enjambre aumenta de tamaño gradualmente. Se arrastran, reptan, saltan hasta el cuerpo de la mujer, cubriendo sus senos y su vientre, sacudido por espasmos de un éxtasis orgásmico rabioso.
Ariel (Sylvia Plath)
Estasis en la oscuridad
luego el azul insustancial
corrientes del tolmo y de las lejanías
Leona de Dios
¡Como nos vamos uniendo,
ejes de talones, rodillas!...el surco
que divide y atraviesa, hermano del
arco marrón
del cuello que no alcanzo a asir
Bayas de ojos negros
arrojan oscuros
anzuelos
negras y dulces bocanadas
de sangre,
sombras
Algo distinto
que me lleva por los aires...
Muslos, cabello
escamas desprendiéndose
de mis talones
Blanca
Godiva, me despojo
de manos muertas y apretones muertos
Y ahora yo
de la espuma al trigo,centelleo
de los mares
El grito del niño
se funde en la pared
y yo
soy la flecha
el rocío que vuela
suicida, unido al impulso
que conduce al ojo
rojo: caldero de la mañana.
l'abîme des oiseaux
Como una espiral de humo llegó el párroco y ordenó que la ataran a la cama. Las mujeres corrían por toda la casa acarreando muebles que luego apilaban a las puertas del patio. Se había dislocado un hombro al intentar saltar por la ventana y tenían que curarla. Una vez atada, empezaron a afeitarle la cabeza. La abuela lloraba sentada en la esquina del recibidor. Sabía que estaba allí, ya la había visto antes, aunque ahora tenía la cabeza inmovilizada y únicamente podía ver las grietas en el techo y la marca que dejó el rayo al caer sobre el tejado. Antes de quedar dormida, pudo escuchar el sonido ristroso de una cremallera, un tintineo como de cristales y, por último, el legajo de metales quirúrgicos que alguien iba colocando sobre la mesita. Cuando despertó, intentó abrir los ojos en vano; tan sólo pudo escuchar el canto de los pájaros.
Labels: deconstrucción:de:maman, microrrelatos
Recyclée
Camino por unos suburbios. Ya casi es noche cerrada y los jardines son todos iguales. Los techos a dos aguas se repiten a cada paso que doy, teja sobre teja, hasta que la oscuridad los engulle a todos. Busco la playa, un punto de encuentro nocturno con un grupo de gente no demasiado numeroso, amigos quizás. En todo caso desconocidos ahora. Las casas de piedra me traen vagos recuerdos de un antiguo vecindario en donde el camino es una sola pendiente que se acentúa. Hay una intersección solitaria que se reproduce bloque tras bloque como el fondo de un paisaje sobre la luna trasera de un coche en movimiento, en una película antigua... Me detengo varias calles más abajo. Allí parece haber algún punto, alguna línea divisoria crudamente trazada entre la noche y una tarde menguante pero todavía henchida de energía. La playa aun recibe la luz del sol; el mar brilla opiáceo sobre las aguas marrones. Muchos metros más abajo las olas se agitan gigantescas, pero bajo el insólito resplandor dorado parecen suaves y algodonadas. Nada se oye de su fiero estallido contra las rocas. Bandadas de gaviotas vuelan en círculos peinando la orilla en busca de crustáceos. La marea sube y baja, dibujando una doble línea de costa. En la primera las pequeñas casas caleadas se agolpan en las laderas. La segunda dibuja una hilera de montañas que se agigantan sobre sus sombras alargadas. ¿Quién me espera en el columpio sobre la playa? Su sonrisa es etérea, pero sanguínea. Sugiere la posibilidad de lo implausible. Es un susurro lúbrico, son los miembros abotargados que se estiran en un bostezo que se aleja en la desmesura. Hora del almuerzo.
«Los medios soberanos se aislan de la hipercultura. Ellos no buscan conexiones: se desconectan. Éste es su punto de partida del que nosotros despegamos. Ellos han abandonado la superficie mediática y orbitan las emisiones multimedia como satélites. Ése hágaloporsímismo los ha confinado en una mónada autoedificada, una "unidad indivisible" de tecnologías introvertidas, como una habitación sin puertas o ventanas que anhelara desmentir la existencia del mundo. »*Adilkno: Fundación para el Desarrollo del Conocimiento Ilegal (Foundation for the Advancement of Illegal Knowledge, ILWET), Amsterdam, 1995
"Last Songs" (Galway Kinnell)
1
¿Qué es lo que cantan los últimos pájaros
a la deriva en el crepúsculo, surcando
la costa a través de bosques llenos
de penumbra, las alas temerosas
combadas sobre el mundo
como los brazos de un amante que,
noche tras noche y en sueños,
delineara una insalvable ausencia?
2
Silencio. Sólo
cenizas en el llar.
La razón que nos veda el paraíso,
la envidia, la codicia, la ira, la aprensión,
alumbradas nuevamente sobre la tierra
como un canto.
...................................la deconstrucción de maman
–Pobre. Sé que Beñat decidió ocultártelo durante un tiempo. Muchos creímos que, dadas las circunstancias, era lo mejor para ti –la emoción no le impedía frotarse con fruición la entrepierna mientras su mirada se perdía (o hacía como que se perdía) entre las redes metálicas que cubrían, desde fuera, el ventanal. La puesta de sol difuminaba la pared de baldosas amarillas y daba a Víctor un aspecto aún más cetrino del que aparentaba tan sólo media hora atrás. Vi un lamparón brillar entre sus dedos. Al pobre le temblaban los labios–: Gandini se ocupó de los gastos del funeral, así que, dentro de lo que cabe, no se portó tan mal. Rosario era una bomba de relojería a causa del calor y las infecciones. Si Rosario hubiera sido una mujer, y no una ciudad, habría sido Raquel Neira. –¿Y los derechos de autor? Los contratos, los royalties, las liquidaciones anuales…–La mayoría de sus amigos habían muerto o se habían exiliado. Acá los editores dejaron de pagar. Ni una sola liquidación ese año. Yo recibía los cheques y hacía los ingresos. Un día los cheques dejaron de llegar. Ya nadie recordaba a Raquel Neira, su obra había sido estirpada de las bibliografías universitarias tras la Revolución. Los críticos que antes la habían ensalzado, ahora sencillamente la ignoraban.
–Dijo que Gandini costeó los gastos del entierro. Hábleme de él.
–Gandini vigilaba sus cuentas en España. Argentina se había convertido en un infierno. Confiábamos en que todo lo que había publicado bajo pseudónimo siguiera teniendo éxito en Europa...
Así que Víctor sabía perfectamente que mi madre y Carmen Morán no eran sino la misma persona. Bajo pseudónimo, Raquel Neira se mostraba en su estado más salvaje: noveluchas sentimentales de corte lésbico en edición rústica y pusilánime cartoné que llegaron a venderse por entregas en los kioscos. De su editor en Madrid tampoco se supo nada, me dijo. Éste se había adelantado a los acontecimientos, a la ola de fagocitosis, fusiones y absorciones indiscriminadas que sufrió la industria cultural española en la década de los diez. En Rosario se habían empezado a repartir las primeras cartillas de racionamiento. Como era de esperar, el capital editorial fue transferido, y el inmueble –propiedad, no del director editorial, sino de su suegro, consultor senior de Shelley & Brothers– vendido a Kalmukian Airlines. Todo esto fue mucho después de la muerte de maman, aunque el preludio de la catástrofe ya se había ejecutado en Argentina durante los años anteriores, época que precedió a la hospitalización de Raquel y a la ascensión de sus colaboradores: aves de rapiña, ratas hambrientas posando junto a Uribe en el hall del palacio Longoria de Madrid.
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Estética Tong (Hakim Bey) -- *
(...) El Tong no sería nada sin las acciones que lleva a cabo. Pero antes de las acciones vienen las intenciones. El vínculo entre las intenciones y las acciones es el texto: la leyenda y la causa que representa. El texto prefigura las acciones en un mar de energía potencial y les da un contorno específico, su "estilo" -- así como una vez se pensó que la Luna moldeaba, daba color y bosquejaba con sus cautivadores rayos las perlas del océano.
Estas leyendas serán los poemas más elevados de los poetas más desconocidos de su época. Como hechizos mágicos declamarán nuevas realidades de la existencia, como el chamán que con sus cantos atrae la lluvia, o la salud, o el juego abundante que comienza en la potencialidad y termina en la actualidad. Estos poemas estarán faltos de significado sin las acciones que invocan y, por ello, o bien alcanzarán cualquiera de las más altas metas de la poesía, o bien no alcanzarán nada en absoluto. La Ciudad de las Ventanas no es simplemente una "ciudad imaginaria" sino una Ciudad Imaginal, un espacio de ensueño que se manifestará cada vez más nítidamente hasta que, al final, la dinastía Ming sea restaurada --y todavía la Ciudad de las Ventanas sigue siendo un poema. La leyenda de nuestro Tong no es nada más que un texto, verdadero --aunque esto llame a una palabra a su existencia-- todavía, y sólo por unos instantes -- en los cuales nuestro deseo no es sólo articulado, sino también satisfecho.
*¿COPYLORE?

Cada organismo alberga en su interior el método diáfano, la forma milagrosa de emerger y propagarse bajo la radiante luz de su mundo subjetivo para, de ese modo, restituirse en una nueva forma trazada en función a su aspecto perceptual. El límite del sujeto –yo mismo en este caso, desconocido para ti, querido lector, a pesar de mi aburrido ímpetu por subsistir– no puede establecerse con precisión académica. Hubo un tiempo en el que sospeché pecaminoso el pensamiento de acceder al “otro lado”; luego me entretuve en una época de escepticismo literario, plagado de secuencias típicas, como cuando te encuentras con un ascensorista que guarda un misterioso parecido a Wagner y crees haber tenido un déja vù. Entonces puede uno decir que ha comprendido el estupor de aquel poeta de Ixelles perdido en París. Me refiero al estupor de encontrarse a uno súbitamente atrapado en el interior de un acuario del Jardin des Plants, convertido en un batracio del género amblistoma, mientras un hombrecillo te mira con expresión alucinada desde el otro lado del vidrio.
Parafraseando a un crítico del hambre, el ser humano en general y el gremio de los enterradores en particular, a fuerza de contemplar la imagen del misterio, acaban por convertirse en el híbrido objeto de su curiosidad
"Vidas(más o menos)insignes 1"

Los primeros cuarenta años en la vida del General Lambrusco estan admirablemente recogidos en la monumental biografía de O.J. Anderson, "Lambrusco: The Bolivian Years" (ed. Paniagua, 1948). En ella se narran,"in painstaking detail", las crónicas de su paupérrima infancia y adolescencia, la fuga del hogar de su padre en busca de la ruta del marfil huyendo de un matrimonio colérico, embrutecido por las infidelidades y el alcohol, su ingreso en la Academia Militar de Los Libres del Sud, primero en calidad de prostituto, luego como alferez, y su ascenso -en un lapso de tiempo asombrosamente corto- a "Capitán de Caballerizas" debido a una innata, endiablada maestría en el manejo del sable curvo. Abundan las anécdotas impactantes sobre su dureza, su legendaria inflexibilidad...De igual manera estan cubiertas, y a través de testimonios de primera línea, sus primeras victorias en las batallas de Pampaylavía y Cancha Rosada, así como el legendario encierro de Coles Del Brussells, en donde se dice que cortó las orejas y los "pudenda" de todos los caídos en el bando contrario. (Hoy en día se habla de esto como una exageración; solo habrían sido los "pudenda"). Minuciosamente, Anderson va allanando el camino hasta el ignominioso final, desde su matrimonio arreglado con Doña Fornicación Hermida y Hermida, dama de la más rancia alcurnia de la sociedad bolivariense, pasando por la extraña, ambigua relación con el cacique Catupecu Macho III, hasta la caída (narrada en el volumen II) en la tristemente célebre retirada de la Batalla de Fantocha, en lucha contra las huestes del General Bayleys', y su posterior retiro a la isla de Ibiza, sumergiéndose en el infierno de las drogas y el sexo extramarital sin protección.
per l'amico sconosciuto
Mis recuerdos de ti aún se alzan incólumes, desde aquel primer día de jardín de infantes del Otoño de 1978, Salita Azul, cuando tu madre se alejó de ti y comenzaste a chillar como un marrano y te cagaste… tu método de subversión favorito por aquellos días. Me acuerdo de nuestras primeras conversaciones –o más bien tus primeros monólogos–, fascinado como estabas por los "Sábados de Super Acción", el Cieno Verde, y los Trífidos, esa obsesión por los organismos vegetales alienígenas, tu perpetuo mirar hacia arriba en busca de señales inequívocas de una invasión. Nuestro desprecio por los deportes bruscos y los no bruscos también, las gafas de montura gruesa que solíamos intercambiarnos, los espantosos caramelos Media Hora con que tu madre te llenaba los bolsillos, el libro de astronomía que no soltabas por nada del mundo, con sus páginas deshechas y pringadas, tus discos de Enrique y Ana que más tarde usamos como frisbee en el patio trasero de tu casa –tambien el de Vodevil Celestial–. Los juegos que nos inventábamos: "El ataque de los robots marxistas versus Las hijas de Schopenhauer" –aún no teníamos ni la más puta idea de lo que era el marxismo–. Muy de a poco nos fuimos dando cuenta de que el todo no era sólo la suma de sus partes. Algo más debía haber... Entonces llegó la adolescencia, y mi madre y tu madre: blacklisted! Los ataques preventivos contra filicidios imaginarios, el comienzo de las búsquedas etílicas, tu nueva e inusitada imposibilidad de callarte, el final sórdido y divino que imaginábamos para los dos, acribillados ante el portal de aquella iglesia, como en Children of the Damned. Luego fueron tus particulares "años de plomo", tu abogar por el fin de las mentiras, el hacer de cada cosa un juramento in extremis... Debería haber sido tu Boswell. Lo sabes y en este preciso momento una sonrisa sardónica te atraviesa la cara como una saeta, divina estampa de beatitud, el bello cadavre exquise que siempre quisiste ser, el rebelde con demasiadas causas. Pronto te diste cuenta de que tú mismo te habías convertido en una especie de trífido, una criatura demasiado refulgente que desencadena el espanto y la ceguera a su paso. Ardía en tí una necesidad más grande que la vida misma de llevar lo simbólico a la acción, abandonado a un mundo contra reloj, tú, hermoso y eterno niño prófugo... Chocamos. Fue mi necesidad de encriptar contra tu imperativo categórico de exorcisar. ¡Exorcisar! Una lucha entre susurros y alaridos, como la misma Buenos Aires, un escenario debatiéndose entre el patio y el zaguán y los nuevos gigantes de cristal y acero. Fue tu asco ante cualquier tipo de hipocresía, mi hipocresía. That' s it, The End of the Affair.
los silencios de mabel

Mabel es una mujer abandónica. Celosa de sí misma y de los demás, Mabel es incapaz de conjugar la imagen pública que le impone su estatus de prestigiosa autora de novela policiaca con una funesta y calamitosa vida privada. De repente, una joven y enigmática tonadillera, Soledad Cortica, entra en su mundo, enamorándola perdidamente, para luego desaparecer tan furtivamente como apareció. Y así comienza la historia de esta escritora que se vio transfigurada de la noche a la mañana en uno de sus detectivescos personajes. Movida por la curiosidad morbosa, Mabel recorrerá el camino que conduce de la vida a la literatura, suscitando de este modo el inicio de una investigación que se centrará en el pasado de la misteriosa cantante, un pasado sazonado de infidelidades, suicidio, asesinatos, y la aparición de una intrusa, una mujer que se oculta, el fantasma de una víctima del amor cuya identidad ha sido usurpada, la sombra de quien desapareció en el transcurso de una tormenta de ardor, mentiras y celos.

Raquel Neira
"Los silencios de Mabel"
Editorial Ilíada
256 páginas 18.95 €
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lost and found (rumba nostálgica)
Curioseando por ahí he encontrado un texto de Gulliverk ignominiosamente (del lat. gnominiōsus) encriptado en el foro de un periódico digital de provincias; como sé que piensas que soy más puta que las gallinas, he decidido compartirlo contigo, mamán. Además no tiene ni copyright, ni copyleft, ni creative commons, ni nada de nada. Ya sabes, querida, a bèstia grossa, collar gros.
Las fiestas del Corpus también en la Chana
"En Granada hay gente muy mala. Yo he estado en el talego siete años, estás tú uno y te mueres allí. Dame un cigarro. Dame dos euros que tengo la moto sin gasolina. Mira los tatuajes que tengo, del talego. Siete años he estado. Espérate que pongo gasolina a la moto y te llevo a la Chana. Toma el cigarro que nos vayamos a pegar fuego." Han encendido las luces del Ferial de Almanjáyar. El ayuntamiento se ha visto obligado ha fletar un servicio de autobuses. Los trabajadores de la empresa de transportes de la ciudad que deberían cubrir el servicio, están en huelga. El precio del billete, ostensiblemente más caro. La luz, el bullicio y la fiesta se instalan en Almanjáyar. También el control policial. El despliegue de efectivos de la Policía Nacional, lecheras y caballos incluídos, mantiene la seguridad de los ciudadanos y ciudadanas. Por la tarde, parte del efectivo se encontraba distribuido alrededor de la plaza de toros, donde también se celebra el Corpus, con un "cartel de lujo". Con la ocupación de Almanjáyar, toda una manada de criaturas nocturnas, habitantes de la zona, se desplazan a zonas más apartadas de los alrededores. "¿Por qué corrías?, ¿crees que te iba a robar?, si quisiera robarte te hubiera sacado esto", mostrándome un destornillador, "sólo quiero que me des un euro para poner gasolina a la moto. ¿No tienes dos euros más?" Dos euros y treinta cuatro céntimos. Al final, han terminado por quitármelos. He salido de casa a eso de las doce, y al empezar a subir hacia Villarejo, un gitano que iba con otro me ha pedido, de lejos, un cigarro. Al acercarme, los dos se han abalanzado sobre mí, uno marcándome con un destornillador, el otro, con una pistola, probablemente de juguete, aunque metálica de todos modos. "Dame todo lo que tengas o te pego un tiro". Me ponen las manos en el bolsillo, uno saca mi móvil, el otro me obliga a sacar el dinero de la cartera. Dos euros y treinta cuatro céntimos. Se los pongo en la mano. El otro me devuelve el móvil. "Déjalo, que no tiene nada, pobrecico, déjalo." Me piden disculpas ambos, un par o tres de veces. Me devuelve las monedas. "Pobrecito, que susto se ha pegado." Ni las monedas han querido. Me alegro de seguir sin renovar mi móvil, a pesar de que cada semana recibo mensajes de mi compañía telefónica, convenciéndome de que tengo móviles de última generación por 0 euros esperando en mi tienda más cercana. Es mi recompensa por cumplir el contrato de 18 meses de permanencia. He vuelto a casa a eso de las dos. Al llegar al cruce de Villarejo, un gitano me ha gritado desde la otra acera. He arrancado a correr, pero al cruzar Camino de Ronda, venían coches, y he tenido que esperar. Me ha alcanzado en seguida. Hemos compartido el cigarro, ha puesto gasolina y me ha acercado a la Chana. "Déjame el móbil para hacer una llamada." Primero le digo que no, luego que no tengo saldo. Se ha alejado zumbando con su moto sin decir nada. En Granada hay gente muy mala. La empresa de transportes, coincidiendo con la huelga de sus trabajadores, ha incrementado un diez por ciento el precio de sus billetes.
Top Five - Fake Celebrities

1-Busty Springfield (a.k.a. Rosa Guaymallén)
2-Matt Demon (a.k.a. Matteo Sant'Angelo)
3-Sir Lawrence Bolivier (a.k.a. Don Fulgencio Choque)
4-Ugo Cognazzi (a.k.a. Juan Carlos Techesco)
5-Doris Night (a.k.a. Teresa Zapata)
Centrar el discurso de mi interlocutor hubiera sido algo imposible. Dragonera. Belaiki. Sales de frutas. A los locos les encantan las sales de frutas. Burbujitas de absoluto placer. Convenzo a la enfermera para que deje que me quede quince minutos más. No obtengo datos ni averiguaciones concretas, confirmo las dos suposiciones que ya traía conmigo: Primera, que Raquel mantenía con los hombres el mismo tipo de relación que yo tengo con las drogas y, segunda, que Víctor habría sucumbido ante la belleza y el intelectualismo moral de mi querida madre mucho antes incluso de haberle tocado un solo dedo. Así que otra vez vuelvo a transitar esta vía muerta. Un lugar común de los amantes de Raquel.
Víctor Bonate, lacaniano, me certifica post mortem el carácter abandónico, histriónico y finisecular de maman en una sala de estar que ofrece al visitante la calidez y hospitalidad de un depósito de cadáveres. Me relata, entre humores, cómo el marido de Raquel, cansado de dar balones de oxígeno, dinero y afecto, presentó a ésta, un mes antes del trágico accidente, la petición de divorcio a través del enrejado que separa la Universidad Provincial del centro de cuidados intensivos donde él hacía sus prácticas de enfermería. Yo hago esfuerzos por imaginar. Víctor, un joven y apuesto estudiante, o lo que los militares han dejado de su cuerpo aún adolescente, intentando calmar las miserias y desiderios genitales de Raquel. Más adelante llegué yo, pero a los pocos meses desaparecí junto a Beñat. Tras la Revolución Víctor pasó a formar parte de la Policía Religiosa. Renovarse o morir. Lo importante era fingir el ardor ascético de los Hijos de la Patria, cumplir las órdenes, evitar polémicas, complicaciones. Era un trabajo agradable. Al fin y al cabo sus operaciones se habían reducido en la mayoría de los casos a recorrer los centros comerciales de Rosario: controlar baños públicos, cafeterías y probadores. Luego se pusieron más duros. Pedían alguna identificación o, si la tarde no ofrecía entretenimiento alguno, amputaban las cabezas y los brazos a los impúdicos maniquíes de los escaparates, en su absurda batalla contra la desnudez.
Al contrario de la muerte de mi madre, su paso por la Policía Religiosa no parece haberle afectado lo más mínimo. Sin ningún tipo de remilgos, y con toda naturalidad, Víctor me cuenta cómo Raquel había concebido su boda con Beñat como una forma para escapar de la abrumadora influencia de mi abuela Marina, empecinada en preservar por todos los medios su virginidad. La pista de baile de un hotel en Aguascalientes fue el lugar elegido para la apresurada ceremonia que decaería, nueve años después, en un todavía más apresurado funeral.
détournement

–Es usted Víctor, ¿verdad?... Alberto Neira, una visita.
Un atisbo de estupor surca su boca. Es asqueroso. Decadente. Es imposible que me reconozca. Me mira fijamente como si quisiera justificar su decrepitud a través de mi desobediencia. No puede ocultar que está cansado. Debí venir por la mañana. ¿Puede ser que me haya reconocido? Víctor (más bien lo que queda de él) deja escapar una sonrisa verdeazulada y humeante.
–Disculpe –me mira de arriba abajo, sus ojos parecen lanzar un destello de conmoción, un pequeño simulacro de vida. Escupe. A decir verdad sus ojos no lanzan ningún tipo de destello, están nublados, ciegos, desposeídos de toda emoción–, no le conozco. ¿Me busca a mí?
–Vengo a ver a Víctor Bonate. Usted es Víctor Bonate.
–No, no, no, no hay ningún problema, pero ¿qué apellido ha mencionado usted? –se lleva la mano al estómago, como si le doliera.
–Me ha reconocido, ¿verdad? Cuando entré en la sala. Se me quedó mirando. ¿Sabe quién soy?
Vuelvo a presentarme. Automáticamente se pone a teclear frenéticamente en una máquina de escribir hecha de papel y cartón que hay sobre la mesa. Está fuera de sí. Decido seguirle la corriente.
–¿Carácter de la Misión?
–Secreta –respondo–. Es una Misión Especial.
–¿Y cuál es el propósito de su misión?
–De momento es un misterio. Alguien me dijo que tendría que informarme aquí.
–Un misterio desvelado sigue siendo un misterio –escupe–. El ojo clínico del profesional puede despojar el mensaje cifrado de su disfraz. Pero, ¿qué hay debajo del disfraz? ¡debajo del disfraz hay otro disfraz! De forma interminable. Inagotable –al pronunciar “inagotable” mira a su alrededor como si hubiese articulado una palabra prohibida. Continúa, tapándose los labios–: El profesional atravesará diferentes capas, diferentes niveles y estratos, cada vez más inaccesibles, más profundos. Sin límites ni fondo. Es algo más que un viaje peligroso: es un viaje interminable, ¿entiende? Sin fin –hace una señal con la mano para que me agache y acto seguido se mete debajo de la mesa. La enfermera, sin llegar a perturbarse, levanta la mirada de su revista y nos observa circunspecta desde el otro lado de la sala. Antes de darme cuenta ya estamos conversando a cuatro patas bajo el escritorio.
Me habla acerca de un niño taciturno y callado que correteaba por los jardines de la clínica los días de visita, con pantaloncitos cortos y el pelo cortado a tazón. Otro escupitajo gris perloso. Siempre tras las faldas de una nodriza de piel negra como el tizón. Cuánto has crecido, me dice. Te perdí la pista más o menos cuando tenías nueve años, desapareciste junto a Beñat, el banco devolvía los recibos, las misivas de tu padrastro dejaron de llegar. Se tapa la cara con un pañuelo limpio. Parece que vaya a echar las vísceras. Se incorpora.
–Es una misión difícil y complicada... –un estertor lo atraviesa de arriba abajo. Vomita sobre mis zapatos.
–Por supuesto...
–Más bien un poco... particular. Perdone, ¿cómo decía que se llamaba?
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ripping karan
El calor del cigarrillo empezaba a quemarle los dedos y lo apagó en los restos del desayuno. Hacía tiempo que no se sentía así, atiborrada de felicidad. Dio un respingo llena de emoción sin soltar la nota y cogió el teléfono. No había línea. Se había olvidado. Había cortado la línea. Tras echarle un último vistazo, terminó de memorizar el cuadradito de papel, lo dobló cuidadosamente y se lo tragó. Afuera el canto de la cigarra se expandía como el cólera o la peste sobre París.
Pensó, mientras rumiaba el estilo epistolar de Karan, en aquellos documentales rusos que se hacían en la década de los diez sobre ciertos experimentos biológicos japoneses tras la bomba de Hiroshima, variaciones más o menos abyectas de Philosophy of a Knife de Iskanov, que sus padres le llevaban a ver, de pequeña, en el cine comunal: montajes en los que se prefiguraban laberintos irresistibles para la mente absorta en imágenes de cuerpos tumefactos, muertos o medio fallecidos. Entonces reparó otra vez, aunque más bien lo estaba percibiendo como la primera, del crimen sentimental y sexual que había perpetrado ella solita en aquella casa. Por primera vez (y ésta lo era sin lugar a dudas) había infringido el mayor dolor. Era consciente. El ataque metálico de la cigarra consiguió excitarla de nuevo, recordó aquel dildo electroacústico que tuvo la oportunidad de probar en Tokio las navidades pasadas. Afuera el sol estaba en su cenit, le esperaba una hermosa tarde de verano para ella sola. Era una puta lesbiana mujer libre y sabía manejarse por sí misma. Aún sentía la quemazón entre sus dedos, entre las piernas, en los pliegues y ondulaciones de la carne. En el reverso Karan había apuntado la dirección del hotel y un número de cuenta, asociado a un código y a ninguna traba, que acabaría por devolverle sus vacaciones, evitándole estorbos, posibles incomodidades. Pero ella era consciente, y se bastaba por sí misma. La muerte no era más que una artificiosa afección laica, una pseudoicteria provocada por la ingesta de ácido pícrico en la Gran Guerra de 1917.
Puso el canal local. Lo de siempre: la prima Ali recomienda Plumisodio, hará que las células cutáneas se regeneren por medio de un masaje dérmico. Entrará en el sorteo de un pequeño autómata de bolsillo, y un kit de baño Siemens especialmente pensado contra la sequedad vaginal. Esa misma tarde cogería el autobús de la playa, se llevaría a Turek. Escogerían juntos una nueva víctima. El ritual de todas las semanas. Aunque lo primero ahora iba a ser plastificar a aquella desgraciada, a aquel ángel troceado. Lo segundo, limpiar sus plumas y su sangre.
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canne
El speed provocó la caída en picado de mis niveles de serotonina, dejándome profun- damente trastornado. Fue así de fácil. Un amor instantáneo. Dos pollas que se frotan mortecinas y arrugadas. Dos cuerpos que han entretejido la náusea en un colchón antediluviano salpicado por la mierda, el sudor embrionario y la luz que el mediodía motea sobre ellos, irradiando el miedo al colapso a través de las sábanas. Le llamé cínico. Qué idiota. Antes de darme cuenta ya se habría marchado. Siempre discutíamos llegados a este punto. Era incapaz de satisfacer completamente este ansia feroz que saturaba lo que horas antes había sido un calmo y reconfortante vacío. Mi vacío interior: un pozo sin fondo de anhelos y necesidades. Mi vacío interior. Es como haber nacido con una mano zamba radial que tan sólo un servidor puede ver. Me cuelga un tercer bracito, un bracito interfecto, inútil, extraterrestial. He sobrellevado mi deformidad recordándome que únicamente era evidente para mí. Miro a este chico a los ojos. Sé que ha intentado ser un amante complaciente. Decido dejarle marchar, sin violencia. Seguramente todo esto hubiera desembocado tarde o temprano en un cuadro obsesivo-compulsivo similar a los que padecía maman.
Maman enloqueció cuando yo tenía doce años. Entonces los médicos pensaron que su desorientación con respecto a la edad, así como ciertos delirios auditivos y olfativos, podían ser el indicio de una esquizofrenia paranoide tempranamente asimilada y postergada por su familia, de la que no había quedado ni una sola rama del árbol genealógico sin afectar por la locura desde los tiempos de Pedro el Ceremonioso. Su conducta ya fue tildada insecticidamente por mi abuelo desde la adolescencia aunque, por lo poco que escuché, yo nunca hubiera imaginado nada, aparte de las rarezas y caprichos atribuibles a cualquier personaje femenino que more una novela de Flaubert. Lo cierto es que intentaron ayudarla, pero el coma insulínico, los shocks medicamentosos y eléctricos no pudieron evitar que saltara al vacío desde la azotea de un edificio residencial cierta mañana radiante de 1996. Se me ocultó la noticia hasta los primeros días de febrero de 1997, y el encargado de dármela fue el padre Amador, durante una excursión del colegio católico a una procesadora cárnica en algún lugar al sur de Portugal.
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Billboard's Disco Hotlist, October 1977
1- I Feel Powerless by William Gaymore
2- Murder by Trannies by Samantha Cheekbone
3- (Can't Get Enough of That) Sweet Ass Sweatin by Ray Rumano
4- It Feels Great! by The Green Dildos
5- No Need to Read "Burda" by Dinah Lafoyette
6- Straight to Pavito's by William Carlos Ostias Martins
7- Kiss Me, You Fool! by The St. Marcus Boys Choir
8- Nursing Home Boogie by The Golden Sweeties
9- Clean Up My Act by The Brillo Pads
10- Take Me Down to Mamerto's by Bobby Sue PerónLabels: hotlist
il minuto giallo (II)

Minuto 8:30 aprox. La medium sabe demasiado. El asesino se prepara para matar una vez más. Un riff barroco obsesivo acompaña las imágenes, una serie de travellings concéntricos en macro que revelan los adminículos "de rigueur", la iconografía ritual del crimen: Un muñeco de lana roja con alfileres clavados en cuello y pecho, un atroz dibujo infantil, un juego de abalorios trenzados, el pequeño bebé de plástico en pose fetal que el asesino coge repentinamente con una mano enguantada... Entonces la música sube de volumen, en un crescendo apoteósico. He aqui al Objeto del Deseo, un enorme puñal de mango nacarado que la cámara exhibe sin pudor de una punta a la otra en toda su fálica gloria, el alter ego que penetrará la carne y quebrantará el hueso hasta la misma agonía orgásmica. La escena culmina con un gigantesco primer plano de un ojo siendo delineado en negro con un trazo desmesurado; últimos preparativos para la transfiguración. El individuo ignoto e inofensivo, aquel oficinista obscuro trocado en esta némesis salvaje y travestida solo por obra y gracia de lo sublime de su deseo.
snuff gauchos
Del "Selections" from The Readers' Digestive de Octubre de 1984, leemos: «Cortajarena fue definido por la señora González como un individuo repugnante que siempre estaba hurgándose la nariz. Medía 1,90, era de contextura gruesa, cabello negro y pequeños ojos grises. Provenía de una tradicional familia de hacendados que se había hecho rica en tiempos del General Rosas. Según los parroquianos, era una persona problemática. Había sido detenido varias veces por ebriedad, escándalos varios y desacato a la autoridad. La estancia "La Deseada", a 30 kms de Dolores, donde supuestamente se habrían realizado las filmaciones, le pertenecía. En el pueblo ya habian desaparecido tres mujeres y se estaban realizando algunas pesquisas en campos aledaños. Se detuvo a dos personas, pero nunca llegaron a nada. A mediados de la década del 70 era famosa y muy apreciada entre los "connoisseurs" del trash y el cine "gore" una trilogía de películas que supuestamente se habría filmado en Argentina. La primera fue distribuida en Brasil bajo el nombre de "O Paroxismo". De la segunda nadie tiene conocimiento hoy en día. La tercera circulaba en los cines "X" de Manhattan a fines de 1978 bajo el título de "Please, don't play with my intestines". En ella, una mujer de mediana edad es virtualmente "carneada" frente a la cámara, a la manera de una res vacuna. Luego de estaquear su cadáver, dos individuos enmascarados proceden a asarla a la brasa. Destaca la estatura de uno de ellos. La mala calidad del negativo disimula los paupérrimos efectos especiales. Años más tarde, en su lecho de muerte, Heriberto Suñé, un asiduo cliente de la pulpería del pueblo, aseguró que la mujer frente a la cámara se trataba de "Chelita", una de las dos prostitutas que desaparecieron en los últimos días de 1969. En medio de atroces convulsiones, contó que Cortajarena y Quiroz, otro conocido estanciero de la zona, propietario del tambo "La Cuajada", eran los asesinos de las mujeres desaparecidas, y que habían filmado más de una docena de películas. Según Suñé, la señora González proveía la rudimentaria iluminación (ella lo negó tajantemente, como era de esperar), y a él lo habían obligado bajo amenazas a ejercer de improvisado microfonista. Sobre el misterioso camarógrafo nada se ha dicho. Los planes a corto plazo de esta pequeña "compañia" eran ambiciosos; la distribución y comercialización de sus productos en el ámbito internacional. Nunca llegaron más allá de Paraguay. Diversas cinematográficas especializadas de Estados Unidos y Europa ya se han lanzado a la búsqueda de estas filmaciones a lo largo y a lo ancho de toda Latinoamérica...»
Labels: killer, tentativas
il minuto giallo (I)
Alrededor del minuto 5:00 del film "Suspiria", Suzy Bannion ( Jessica Harper ) llega en taxi a la Academia de Danza a la que fue asignada, situada en Friburgo, en el Sudoeste de Alemania. Una intensa tormenta eléctrica se habia desencadenado unos momentos antes. Jessica observa a través de las ventanas mojadas la imponente fachada del edificio de paredes rojas y recargadas columnas brocadas en oro. Una inquietud "gallinácea" se apodera de sus facciones. Agacha su cabeza para ver mejor, abre sus ojos desmesuradamente, echa hacia atrás su cuello en un gesto de aparente incredulidad. Luego gira su rostro anguloso hacia un costado pero sin dejar de mirar, como manteniendo una cierta clase de "suspensión protuberante". El mismo recelo en el ave de corral que de alguna manera se sabe a punto de ser masacrada.
そのあまりにもな題名からカルト人気を博しているデンマークの短編映画
"... [Gayniggers from Outer Space (1992)] tells the story of a group of intergalactic explorers who discover the presence of females on planet Earth. Using guns that shoot deadly rays, they proceed to eliminate females one-by-one from Earth, which ensures them the ecstatic gratitude of the previously suppressed male population. Before leaving the planet, they leave behind a gay ambassador to educate the Earthlings about their new way of life. Some consider Gayniggers From Outer Space to be a cult film." -wikipedia
Gracias a Pink Punk, alias "culito tragón", que con sus inopinadas incursiones patafísicas nos desvela maravillas sibilinas como ésta (a lo Valérie Solanas). En fin. Bon vent i barca nova.
"Asilos Magdalena"

Por la tarde una enfermera le acercó una caja envuelta en papel glacé arrugado que un desconocido había dejado para él. Sin mucho entusiasmo arrastró la silla de ruedas hasta la ventana y dispuso encima de la mesa los paquetitos cuidadosamente envueltos en papel manteca. Uno a uno los fue abriendo al azar. Eran fotografías. Una serie de acontecimientos familiares se fue desplegando ante sus ojos cansados; un casamiento, dos bautismos, una señora gorda, llorando en un velatorio, un caniche desenfocado, las instantáneas torpes de un viaje en un citröen sin guardabarros hacia la zona de los glaciares, un chico mirando fijo a la cámara medio sumergido en el agua, con los hombros contorsionados por el frío... En su cara una sonrisa torcida sugería desnudez por debajo de las ondas cristalinas, la quietud granulosa flotando en la superficie, una tarde de verano opaca que vira hacia la noche... A la hora de la cena se lo llevaron al comedor. Todo estaba ya servido. Eran apenas las siete de la tarde. Tomó su sopa en silencio. Una señora a su lado rezaba el Ave María. Cuando volvió a su habitación la caja ya no estaba. Permaneció allí un buen rato, con los ojos cerrados en la oscuridad, aguardando al muchacho de los servicios sociales que venía a acostarlo todas las noches. Conservaba aún algunos figmentos de esa sonrisa tras las celosías de los parpados, el misterio de su identidad adherido a su piel cetrina como la sal, la incógnita sobre su paradero acercándole la noche...
sinestesia

el sonido de los claxons, en la calle
reverbera en las voces y en la lluvia
una velocidad incierta, ganas de abrirse
de ojos, desnudez ante los faros
de los coches bordeando los contornos
de mi habitación, el eco de una música
que se muerde a sí misma, la herrumbre en
los balcones y azoteas, el goteo
sincopado entre las chapas, un grito ajeno
mediando entre la vigilia y el vientre
l'absurdité sistemàtique

Celebrando la nueva entrada en nuestro querido blog (que gran idea) , me he tomado la licencia para canibalizar una vez más las fabulosas líneas de "Fight Club", en aras de otra triste (y dudosa) humorada...
Soy la tuberculosis de Mme. Toussaud
el error del "carmen et error"
el instigador del destierro de Ovidio
la escalera de incendios al cielo
Soy el hilillo de sangre
detras de la oreja de Marujita
Soy (el diente de) la morsa
la pila sulfatada en tu walkman
la abuelita jugando al bridge
en pelotas
Soy el silbido de horror de
los teros en el campo
la chancleta ensangrentada
en la autopista
Lo que esconde la peluca
de la Winehouse
Novedad!
Jugo de Vidrios se complace en presentar, gracias a la invitación cariñosa de estos grandes poetas de la Instantaneidad, una nueva sección. Con ustedes:
“Lady Godiva o la Insignificancia de la pasión amorosa”
¿Qué pasa con los que nacimos un 1 de junio, que nos consumimos en un amor imposible de exteriorizar? Como si un místico sello nos fuera grabado en el córtex frontal, un estado constante de excitación emocional aguda enamora perdidamente nuestros corazones de cada rostro bonito, pero también de cualquiera de esos instantes capaces de darte a probar un bocado de Eternidad precisamente en el conocimiento de que está a punto de acabar. Sin embargo, bajo el signo de Géminis, la vida amorosa está condicionada por los planetas de la reflexión y la duda cientificista …
I.
En cierta ocasión, le escribí un poema en francés a un muchacho, como si fuera una aristócrata rusa de finales del XIX, educada por unos padres letrados anarkistas y con la corta esperanza de una vida intensa. Le decía:
Cher cherubín:
Je ne sais pas comme te dire que je veux te connaître, ne laisser plus courir le temps… on dirait qu’il est une tâche incroyable on s’approcher… mais il faut faire ce dernier effort… tu me plaît, tu m’intrigues… et toi, est-ce que tu peux me regarder aux yeux et me dire que tu n’as jamais voulu passer une nuit avec moi? Peut-être, il soit trés ambitieux, mais je ne peux pas éviter te chuchoter...
—Perds-toi avec moi...
J’ai envie de passer temps en ta compagnie, seulement, et être sûre que tu n’as pas besoin de sentir, de voir comme belle est la vie dans la caresse…
J’espère ta reponse…
Debí habérselo susurrado al oído, pero aquel personaje galo no dio para más.
II.
Así que, para acabar, tomo un juego mental del protagonista de una película sobre esquizofrénicos fetichistas de la(s) personalidad(es), The Fight Club, además de la canción de los Pixies que la cierra, aunque suene a autodestrucción adolescente, para poner algo de banda sonora.
Soy la Insignificancia de Marylin …
Soy la perrería anhelada del pianista obsesionado …
Soy el celo infructuoso de una gata estéril …
Soy la Hydra en los ojos de las niñas insatisfechas …
Soy el tonteo de Maria Magdalena …
je suis le vent
Je suis le vent...
Un ámbito de hojas muertas,
un anillo de agua inmóvil,
un residuo que
se adhiere a la piel como el napalm;
una voluntad fija, conocerse a uno
extinto, inacabado, duro,
incompetente para el olvido,
desafinado entre tanto pájaro vivo.
Un ritual,
un incendio.
Una palabra –líquida–
un glo glo de fonemas, algo inmóvil.
La expresión alucinada,
el limbo amarillento del sicómoro.
Un canuto en los jardines arrasados
por la nieve y el viento,
y muy adentro los glóbulos erráticos
y afuera las perspectivas articuladas,
el culo de un vaso en las tertulias,
el cableado eléctrico que surca
los charcos, la fuga de espectros
en los escaparates y un cuerpo
recorriendo el vaporoso lapso
de espacio que separa
un cuerpo de otro cuerpo.Labels: movimientos:perpetuos
Chueca an > Dante: una mierda envuelta en papel de regalo.
«Amor, ch'a nullo amato amar perdona,
mi prese del costui piacer sì forte,
che, come vedi, ancor non m'abbandona.»
Sin duda, quienes han llevado el Infierno de Dante al subsuelo de Madrid, quienes han elegido las luces rojas de neón y las citas literarias que dan la bienvenida a quien visita con su coche este parking situado en pleno corazón de Chueca, no son del todo ajenos a la política de tierra quemada practicada durante las últimas décadas por los artífices del falso progresismo gay que ha convertido nuestras ansias de plenitud y devenir mort en un escaparate de neoconservadurismo hortera, esteroides y democrática parálisis à la mode.
En 2005 se reinaguró el parking subterráneo de Vázquez de Mella, tras una remodelación proyectada por cierta arquitecta italiana, Teresa Sapey (Cuneo, Italia, 1962), autora, entre otras perlas, de frases como la de «lo bueno debe ser un poco cateto para llegar al corazón del hombre». No hay palabra alguna en la lengua italiana que supere en antigüedad a la Pirámide Escalonada de Dyeser. Nadie recuerda ya el discurso dado por Gallardón cuando cortó la cinta de inauguración (¡por segunda vez!) creyendo que con ello desenchufaba también la máquina que mantenía con vida el idealismo abstemio de los que, declinando amablemente los servicios de su cirujano plástico, habían aprendido a pasear su lipodistrofia con cierto orgullo no exento de pía resignación. Y nos la coló. No sólo nos colocó ahí, por las buenas, en mitad del espacio público, una absurda estructura de metal, tan simbólica como horrenda, peligrosamente suspendida (no se imaginan lo rápida, fácil y económica que resultaría su voladura) sobre un universo de superficialidad relativa y pública ignorancia. Me refiero a que también nos inoculó un mensaje subliminal, ahora imposible de extirpar, dándole la razón a las hordas de familias católicas que los domingos por la mañana pasan ante de Monumento al Estigma y, benévolamente, comentan a sus retoños: «niños, mirad, el monumento a los maricas».
El VIH nos afecta a todos por igual. El asfalto refleja la luz sanguinolenta emitida por palabras tomadas del "Canto V" de la Divina Comedia. Un pasaje que ilustra los tormentos que padecen las almas pecadoras que habitan el segundo círculo del infierno de Dante. Son las almas de aquellos que destacaron por su lascivia, y de ahí la moraleja: El sida es el infierno de las maricas lujuriosas (no, no es la tragedia de los millones de seres humanos, de todo género y edad, que han sufrido y sufrirán esta enfermedad). Ése es el mensaje que un puñado de políticos ha legado a la ciudad con este coño (o culo tragador de falos rodados) adornado con un bonito lazo rojo.
Tre mosche...

Tutto è solo colore
Una vorágine sudorosa de culos y tetas atraviesa un pasillo angosto como una masa amorfa, abriéndose paso entre una multitud de muslos y braguetas iluminadas por farolas que parpadean a destiempo como drones. Es una escenografía ridiculamente galáctica, los escotes se materializan en la oscuridad para volver a ser engullidos de inmediato por la densidad de un humo fantasmagórico. Un culo brilla repentino, forrado de raso resplandeciente. La delicia y el suplicio de las formas prietas, sublimadas por la guarangada del primetime, donde pululan erecciones anhelantes al ritmo de la cumbia que arde sobre una línea de bajo que estira los tímpanos como chicles pegándose a la sección percusiva, que en realidad es solo un palito haciendo toc...toc...toc a lo largo de toda la canción, y de todas las canciones por venir (que son una misma y única canción).
La notte di verità
Las luces estrobos obnubilan, y avanza hacia la barra con paso incierto
las tripas arden, como fuegos fatuos en la oscuridad, y una flor roja
que expande sus pétalos de fina asimetría, a través de la gasa
donde la realidad se funde con la carne en miles de millares
de partículas de polvo, la risa y el humo, rostros que se acercan y se alejan,
los meteoritos fotónicos saltando en la corriente alterna de la noche.
Anhela el regreso al vientre materno, la quietud cetácea
las sábanas perfumadas de una cama recién hecha, un plato
de sopa humeante que nos aleje a todos de la ingente oscuridad.
Nella terra dei sogni
...la débil luz de las velas conjetura el cuerpo desnudo de Esther. Sus pechos se adivinan enormes, aproximándose desde la oscuridad. Cada uno debe tener el tamaño de la cabeza de un hombre. Se acerca hacia mí, con los brazos extendidos hacia adelante. Sus manos se abren y se cierran convulsivas, como buscando tocar. Su respiración se vuelve intensa, abunda en gemidos cortos y gorgoteos como de saliva espesa. Las yemas de sus dedos estan heladas. Un aroma denso flota en el aire. Sus ojos vitriólicos inmensos lo miran todo con una lujuria sobrehumana, la misma negrura en los ojos del buey, y de la mosca...
"the future has just been cancelled..."
"Les amants perdus"

Última tarde del verano. Miles de reflejos dorados enceguecen el mar. Dos siluetas rocosas se alejan de la playa a merced de la olas, enfrentadas la una con la otra, con los brazos extendidos y las piernas musculosas agitándose como aletas bajo la superficie. La marea sube y baja, dibujando una doble línea de costa. En la primera las pequeñas casas caleadas se agolpan en las laderas. La segunda dibuja una hilera de montañas que se agigantan sobre sus sombras alargadas. Dos mujeres aguardan tumbadas en la orilla despreocupadamente. Un niño pequeño persigue a un perro lanudo cubierto de espuma. Los hombres se miran en silencio. Sus brazos se mecen suavemente sobre las aguas, allí donde la mirada atraviesa el punto del no retorno, la inflexión que conjura de la nada una vez más aquello que nunca se ha consumado, los "lunares" del tiempo; las enigmáticas carcajadas de humo de la adolescencia, todas las maldiciones imprecadas por el alcohol, los puñetazos certeros y los esquivos, el estrechar sudoroso de las manos toscas bajo el influjo implícito de las profundidades.
"Los Troncos,1978"

La habitación está en penumbras. Algunos rayos anémicos de luz se cuelan entre las rendijas de la persiana. La mañana es fresca y los arbustos susurran en el jardín, mecidos por el viento marino. La cama es demasiado baja. La colcha esta desgastada, las sábanas percudidas asoman por los costados. Sobre el cabecero hay una gran mancha negra y cuadrada, donde antes supo estar el retrato de rigor que nadie se ocupó en descolgar y que quizás se haya caído de puro aburrimiento, como si el aburrimiento fuese una cualidad física y estuviese sometido a las leyes de causa-efecto. Las botellas de perfume vacías y rajadas se acumulan sobre la cómoda, junto a un cepillo que ya nadie usa, cubierto de pelo enmarañado. Hay una opacidad secreta mudando el aspecto de las cosas, el desgaste elíptico de los años, los tiempos muertos y los silencios esqueléticos...La recámara nupcial es ahora una tumba, el destino final de los amantes, el polvo que cobija un secreto a media voz, el epitafio.
"Treintaycinco"
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Escapando de la policía llegas a los bordes de un río caudaloso cuyo cauce corre muchos metros más abajo, un río de márgenes pedregosos y árboles resecos. No puedes arriesgar una caída. Aún así hubieras sido capaz de esconderte en alguna de aquellas cuevas como un ermitaño, todo el tiempo con la cabeza gacha, simulando buscar algo en el arenal. Más arriba, desde la otra orilla, te llegan los sonidos de una feria, cornetas y platillos, gente que ríe en compañia de un montón de desconocidos, la punta de un banderín sobre el techo del tiovivo que gira. Pero no te dirijas hacia allí. La huída debe continuar, a pesar de su futilidad. Cuando el cauce del río trace su primera curva, sube por el margen izquierdo hasta la casa de granito negro como la noche. El portal estará abierto. Atraviesa el patio de mosaicos hexagonales. Cuando llegues hasta el ventanal del cortinado rojo, como en las bambalinas de un teatro, detente. Él estará ahí, parado frente al espejo del armario, tres cuartos de su cuerpo desnudo. Oirás una discusion amarga, y una voz femenina replicando, desde algún lugar de una casa que en realidad nunca fue su casa. El tono es el mismo; secretivo, apretando los dientes, el chirrido familiar de su rapto oscurantista. Otro arrebato. Corre por tus venas esa misma sangre, el mismo rubor intenso en el rostro explotando en las mejillas, el horror privado, la adolescencia inerte en algun rincón de sus cincuenta años. Y el cabello canoso, y ralo.
Vidas Miserables (I)
Esther Castro Negrete.
Nacida en Azul, provincia de Buenos Aires, un 19 de Julio de 1951. (Siempre juró que fué en 1956). Mucho antes del lujo y el champagne, y la pluma y el strass hubo una vida dura, pletórica en privaciones y carencias afectivas. Su padre abandonó la casa cuando Esther contaba tan solo con 5 años. Su madre murió de cirrosis al verano siguiente. Se fue a vivir con unos tíos que la trataron poco más que como una esclava. No conoció la escuela, ni los privilegios de educación alguna. Su resentimiento fué creciendo palmo a palmo junto con su belleza, hasta la eclosión de la pubertad, y junto con ella, su primer y único instrumento de poder. A los 15 años, y con un cuerpo plenamente desarrollado...
Perfil

Te acompaña la humedad, allí donde tú vayas. Los rincones oscuros, y los presentimientos volátiles; el éxito total, o el desastre generoso. Una adolescencia prolongada, en constante crecimiento, y alejándose de los bordes. Siempre con la misma cantidad de futuro por delante. (La futuricidad, dirías, en un lapsus de perogrullo intelectual). La ropa mojada huele. " It's a little stuffy in here "... Papeles por el suelo. La luz ruinosa sobre los frascos vacíos y las latas de Coca-Cola. Las arrugas eternas en las sábanas y la lumbre en todas las paredes. El desorden crónico y sistematizado, allí donde te alojes, como el sonido de un aleteo siempre acercándose.
"Ce étranger"

Llegó a las 10 de la mañana, el cielo estaba cubierto. Se calzó los guantes de latex. Sus manos estaban frías, como cualquier mañana. Sobre la mesita de luz había un tupper cargado de Nolotiles y Myolastanes y Valiums. Mientras le medía la presión, él le preguntó como había hecho para acostumbrarse a las navidades calurosas y a las vacaciones de julio con el frío espantoso y sempiterno de los Andes. Rió. El Myolastan se deshizo en su paladar. Los jardines de la Avenida de la Constitución bullían de niños y bicicletas, varias plantas más abajo. Observaron la escena en silencio, a través de los cristales. Desde el televisor llegaron los gritos de una confrontación. "Solo los muertos pueden atravesar esa puerta".(Goku, ante la entrada de una gruta oscura y gigantesca). Intentó incorporarse en el sillón sin ayuda. La tensión de su cuerpo desnudo y enjuto corrió a través de sus venas desde la oscuridad de la pared hasta la luz otoñal en los cristales, un chiaroscuro herido entre la carne y el polvo flotando en el aire, un destello de santidad áurea, frágil, pura y miserable. Desplegó para él en la mesa giratoria los platos de comida cuidadosamente envuelta en papel de aluminio, entremeses, aceitunas, jamón levemente pasado, media chirimoya. Luego le alargó un vaso de vino hasta su mano crispada por la artritis. Al rozar sus dedos callosos se vió a si mismo como una especie de Fred Astaire enajenado, bailando en pasillos desconchados y angostos.
"Passing lights"

¿Recuerdas aquella tarde en los lagos de Palermo, justo detrás del planetario? El invierno estaba terminando, era una de esas tardes soleadas pero cobrizas, el viento barría las hojas de los árboles como un aliento adormecido. Dimos un paseo por el jardín andaluz tomados de la mano, como padre e hijo (o madre e hijo, para el caso da igual). Me hablabas de tus proyectos infinitos, de que solo te interesaba construir bonitos juegos de artificio, cajas chinas dentro de muñecas rusas dentro de cajas chinas, mientras los patinadores "descamisetados" daban vueltas a nuestro alrededor. ¿Recuerdas el reflejo enrarecido de la luz girando sobre los rulemanes? Fue entonces cuando tras un silencio breve, un pájaro desgraciado te lanzó una cagada desde el aire, justo entre el ojo y el cristal izquierdo de tus gafas. Nos reímos como niños, tu cabello dorado aleteando en la semipenumbra que se avecinaba... (¿Acaso eran canas lo que ardía, como zarcillos secos, entre las hebras?). ¿Y el camino de regreso, lo recuerdas? Las luces infinitas de los coches, en la Avenida Alcorta, la marabunta de gente agolpándose a la salida del shopping, los cachorros desesperando en los escaparates de la tienda de mascotas, el absurdo presentimiento de que el tiempo se habia quedado congelado, suspendido en el tiempo, y que esa tarde de finales de Septiembre se alejaría y regresaría para siempre, como las olas.
"Recuerdos de la Billiken"
"Episodio piloto"

La producción es al estilo de las teleseries de marionetas japonesas de fines de los años sesenta. La acción transcurre en una estación submarina de investigación atómica. Allí trabajan un grupo de científicos de varios países dedicados a la búsqueda de nuevas fuentes de energía y reciclado. Un error de cálculo cuántico desencadena una tormenta espacio-temporal que los envía al devónico superior. El proceso es irreversible, no hay vuelta atrás. Hay un breve período (no demasiado desarrollado) entre la toma de conciencia de la tragedia, la aceptación y el consecuente despliegue de estrategias de supervivencia, como el diseño y la manufactura de redes de pesca para cazar peces acorazados y artrópodos gigantescos, la invención de un proceso destilador de orina,etc...Una vez establecida la situación y el setting se pasa a la trama psicológica. Hay una impronta Bergmaniana en el tratamiento de los personajes y sus silencios. Uno de ellos pierde la capacidad del habla progresivamente. Imagina los cielos cobrizos y anaranjados, kilómetros más arriba, sobre la superficie de Pangea. El capitán se debate entre el cargo de conciencia y el dulce recuerdo de las prostitutas heroinómanas del West End. La única mujer del grupo desarrolla una patología histérica manifestada en una intensa aversión (que más tarde se transforma en pánico) al polvo. Los decorados y el exterior submarino son coloridos, aunque bastante ascéticos. Luego del capítulo presentación, la serie jamás vuelve a emitirse.
"La comédie spiritiste"

1- El avión no encuentra la pista de despegue, atravesando senderos angostos y sinuosos delimitados por filas de arbustos cuidadosamente recortados.
Una vez en el aire, el vuelo es rasante, las terrazas de los rascacielos se acercan peligrosamente. El sol brilla metálico sobre las aguas marrones. Regreso...
2- Rápido contraplano esfumado; El colectivo de la línea 6. Algunas calles me resultan desconocidas. Villa Crespo ha cambiado mucho. Me acerco a la casa de mamá a una velocidad de vértigo, con un zarandeo violento en los tornillos flojos. Hay un edificio en llamas en la urgencia borrosa de la calle. El colectivo para en Plaza Real. La vibración conspicua se detiene.Todo es silencio otra vez. El conductor ha desaparecido.
3- Reunión de agasajo por mi regreso en casa de mamá. Estan mis hermanos. Hay una señora elegante, su cuello arrugado surcado de perlas, recostada sobre el cubrecama anaranjado, como si de su chaise-longue se tratase. Me la presentan. Me abraza. Susurra mi nombre al oído, la "ese" final serpentina, como la "soothing voice" de esa película de terror de bajo costo que siempre estuvo en mi cabeza. Su cuerpo se aprisiona contra el mío, la rigidez almidonada de su wonderbra arañando la superficie de mi camisa de villela. Sus palabras (aunque solo se tratase de mi nombre) evocan un desasosiego posible, la ruina económica y moral flotando en el inconciente colectivo de los que ahora circulan por esta habitación. El ayer y todo su séquito.
Happy Holydays!!
Polvos de una relación

Pensé que se iría dando un portazo intempestuoso, apretando los dientes, gesticulando al vacío. Sin embargo su rostro abrigaba una sonrisa subrepticia, a pesar de la violencia de sus movimientos al preparar las maletas, el burdo "dramatis personae" al que me tenía acostumbrado. La libertad se abría ante nosotros finalmente, como el bulbo de una flor joven y pútrida, recien cortada. Más abajo, las luces de la ciudad vieja, titilando como el destino ímprobo vislumbrado por ambos en algún sueño febril y adolescente, huyendo de la vieja agonía, del calor de los caños de escape, en procura de cierto absurdo destino trascendente, expatriados por voluntad propia, lejos de nuestra pequeña alegoría de la nada en una casa a punto de derrumbarse, los abrigos ajados de piel de señora atestando los armarios, el mundo que no gobierno, irresoluto en su caos de humedad y ropa vieja. Supuse que lloraría, y me preguntaría indirectamente, mirando hacia el techo descascarado con los ojos torcidos por el dolor, que qué había sido de nosotros, que porqué tirar a la basura tantos años de completa y absoluta felicidad. Pero nada de eso sucedió. Solo esta calma chicha, desconcertante, preludiando otra "golden age" del desenfreno. Detrás de la puerta había un nuevo mundo, un mundo de cuerpos engrasados. Quizás solo fuera que ya iba siendo hora, una vez más, de explotar el poco encanto que nos quedaba, hasta la decadencia fisica última, la extenuación amoral. Hasta que la soledad nos tocara la puerta nuevamente y volviéramos a estar juntos. Hasta que hubiese que pagar los muertos.
"La poupée"

Todo lo que ayer fué cool; los vestidos tutú, los cabellos revueltos, como esponjosos, las hombreras desmesuradas, los veranos en Santa Teresita, los sueños húmedos dentro del auto fantástico, la palanca de cambios en forma de pene...Los asaltos con papas fritas Bun y la Mirinda, la matinée en el Tarot, los bailongos en Ramos Mejía buscando desesperadamente a "la Susan". Las escapadas de los viernes al autocine de Berazategui, las películas de Olmedo y Porcel, la "Fiesta Temática de la Falda Tableada" donde te culearon por primera vez en un armario lleno de pelucas, tu ansiedad por la llegada de la "Cherry Cola" que finalmente nunca salió a la venta en la Argentina. Los domingos de resaca en lo de la tía Norma y sus ravioles de seso, (¿Quién ese esa chica/usted es.../Señorita, más fina/usted es...) los camioneros, los taxistas, los muchachos del reparto, el pibe de la sodería, el incesante desfile de Betos, Chelos, Ricardos, Luises, Willys entrando y saliendo de tu vida como por una puerta giratoria...Todo ha muerto. Ya lo sabes.
La tête

Ellas estuvieron ahi, casi pude tocarlas. Las guirnaldas colgaban del techo, una piñata enorme giraba pesadamente al ritmo del blues. Decenas de pequeños haces de luz me mostraron los detalles ínfimos; unos labios brillando en una cara mortecina, un par de medias de red rasgadas, el abrigo de piel raído por el tiempo, la sustancia que flota en el fulgor arenoso y fragmentario del aire, la condensación de mi cliché lyncheano en mea culpa susurrante y ceremonial. Una concatenación de escenas distantes, sin final y sin principios, los resortes de mi artilugio determinista. La repentina y gigantesca aguja de coser entre mis manos: un Mac Guffin parkinsoniano o idiota a secas. El deseo de unirme a ellas en su danza abandónica. Estuvieron ahí sin duda, bailando en el centro de la habitación. Su perfume de flores rancias, sus sonrisas incorpóreas... Me levanté del suelo y caminé hacia ellas sin esfuerzo, como dejándome llevar por la misma abulia de los miembros, memorizando cada uno de mis futuros pasos. Vamos hacia allí una vez más. La música ha dejado de escucharse. La piñata pendula, ahora en silencio, imposiblemente lenta. Carga algo muy pesado en su interior. Como si no supiera lo que es...Y miro la aguja, y parece como si ésta me devolviera la mirada, y alguien o algo suspira sobre mi nuca. Levanto el brazo en un movimiento que parece cincelado por el aire mismo que me rodea, la punta de la aguja acariciando la superficie de la piñata. Algo cae al suelo con un golpe seco pero a la vez quebradizo. Mirar me atemoriza, pero ni siquiera pestañeo. Abre los ojos.
Labels: deconstrucción:de:maman
le petite lancelot
a través del ventanal se conjeturan los neones apagados de la ciudad. el espacio electrificado erguido entre rascacielos. vaporoso y agreste, gélido como un burdel de la upper-class. A y B entran en un bar. la diferencia de temperatura hace que el sudor se convierta en una película pestilente. se lavan con agua abundante. A saca un par de camisas de la mochila y las arroja sobre el dispensario mientras finje buscar algo. ahora B se siente tremendamente solo y afectado. no entiende porqué después de estos días de relativa tranquilidad vuelve a sentirse así. la tarde cae como orina radiactiva. una bandada de cuervos sobrevuela el templo que, según A, está dedicado a cierta entidad sintoísta, un árbol o una roca, cuando el ritmo orgánico atraviesa un cráneo sinuoso y gris. una ola de cemento. días enteros las tripas paralizadas, absortas y la sola idea de papear le produce astenia, un nudo en el estómago, ganas de vomitar la cerveza caliente. B es el cielo abierto ventoso y las nubes girándose azul eléctrico como caballitos de mar a punto de nieve. A es una tarde de holograma triunfante sobre las antenas parabólicas. sencillamente ya no se comprenden. el calor es sofocante, ha llovido durante todo el día. B acaricia durante un instante el deseo de adelantar a su joven amante los planes de una expedición futura, un viaje tripulado a las antípodas de Cosmovisión, esta vez a la capa exterior-gaseosa de Pangea.
Estela (21/12/69)

La luz del fondo tiene una tonalidad entre azulina y nacarada, un haz cilíndrico iluminando el cartón pintado color turquesa. Estela está sentada sobre las rodillas de Papá Noel, con sus medias rojas y su pequeño abrigo de piel de Cachemira. Él es inadecuadamente joven, y su barba de cotillón está torcida hacia un costado. Sus ojos acusan una marcada ascendencia oriental. En la tienda de regalos suena un disco de Nino Bravo. Al partir, un beso y una flor, un "te quiero", una caricia y un adiós... Algo crece, involuntario. El flash se dispara. La mirada torva de Estela se alza, suspendida en el tiempo. También el ceño esquivo de Papá Noel. El deseo subterráneo de apartarse el uno del otro se queda en el aire para siempre.
Labels: deconstrucción:de:maman

el humo asciende amarillento y dulce
los avisos de la estación surcan el aire
como espectros de Marx las azoteas
se calientan resplandecen sanguinolentos
pedazos de amor kamikaze la alegría de
una mañana verdeazulada en Madrid el sabor
amargo en la boca y dulce en el corazón
Labels: movimientos:perpetuos
Recomendados de TVguía

"Discriminadas!" (1984) (Dir. Adela Delmono)- Comedia costumbrista de la época del "destape" argentino, filmada unos meses después de la vuelta a la democracia. Cuatro travestis luchan por ganarse el respeto y el cariño del conservador pueblo rosarino. Canciones de Fito Paez, Juan Carlos Baglietto y Silvina Garré animan esta amable fábula moral que el crítico Arquímedes Massa describió alguna vez como un "auténtico dolor de huevos". Con Dora Baret en el papel de "La tullidita", una travesti con osteoporosis aguda.(canal 2, 03.00 hs.)
"Agárrame ese zorete!" (Hold that turd!, 1948) (Dir.Curtis P.Curtis)- Clase B típica de la saga de la "Poverty row" de finales de los '40, hecha a imagen y semejanza de los films de Abbot & Costello pero con un presupuesto mucho menor. Tras perderse en un bosque, dos amigos llegan a un caserón abandonado a orillas de un lago que resulta ser un vertedero de deshechos cloacales muy tóxicos provenientes de un pueblo vecino. Deberán enfrentarse entonces a unas criaturas mutantes que viven en el fango y se revuelcan en la mierda. Inquietudes ecologistas animan esta entretenida película elogiada por Gabriel García Marquez.(canal 9, 22.00 hs.)
"Patoruzito contra el Partido Radical" (1928, dibujos animados) (Dir.Agustín P.Dante)- Primera gesta heroica del pequeño hijo del cacique Patoruzú luchando contra el desalmado centro de estudiantes universitarios de la U.C.R. y en defensa de los valores de una Argentina agroganadera pujante y oligárquica. Filmada "back to back" junto con su secuela,"Las fantasías de Patora". Para toda la familia.( GarchaTV, 12.00 hs.)
"Las Mollejitas" (The Mollejits,1964) (Dir. Armando Aparicio)- Narra las peripecias de un trío de cantantes peruanas emigradas a E.E.U.U. en su inevitable ascenso al estrellato y su posterior caída en el infierno de las luchas en el barro y las riñas de gallos. Con Rita N.Tubada en el papel de Estelita.(canal 21,09.00 hs.)
El ataque de las monjas mutantes (1958) (Dir. Paco Berlanga)- Marujita Díaz protagoniza este clásico de la cinematografía ibérica.Una religiosa falangista devota de la virgen cabezona experimenta transformaciones ideológicas a causa de un hongo del trigo y encabeza una revuelta anarco-feminista que se extiende del convento a los pueblos aledaños. Con canciones originales de Marisol.(Localia, 22:00 hs.)
"Les recherches hystériques"

Ni siquiera me dieron tiempo a cerrar la puerta y ya se arrebataron los cuerpos sudorosos, los unos sobre los otros como en pilas. Asomó un fuerte olor a genitales. Soporté estoicamente los besos tripartitos con gusto amargo. Un cristal se rompió estruendosamente en el baño. Intenté callar unos gemidos con la rigidez represiva de mi dedo índice, temiendo la condena de los vecinos; poco caso me hicieron. Escuché una discusión por lo bajo, y entonces, en un lapso de tiempo elidido aparecieron condones usados diseminados en el suelo como fractales. En realidad fué solo un deux ex máchina más disfrazado de libre albedrío; no soy responsable por los actos de los demás, ni tampoco por los míos. Sería capaz de entregarme a esta especie de delirio, pero los Idus de Marzo hoy estan demasiado cerca. Elijo adoptar la constricción, en una actitud contemplativa que mucho y poco tiene de pasmoso. ¿Las claves? Mañana quiza, a la hora de la siesta.
Sitcom Nº1

A es un joven homosexual profesional y talentoso o tal vez solo un "overachiever" histérico. Es dueño de un elegante piso en la esquina de Santa Fé y Callao, al lado de un enorme cartel luminoso que solo anuncia publicidades subliminales. Esta en los mid-thirties; es probable que las alacenas de su baño esten atestadas de cremas anti-age y toallitas higiénicas. A viste Armanis y Guccis de saldo. Toma solo agua Perrier, y unicamente si ésta viene con el sello de seguridad. Hay una obsesión con perros afganos, viajes en cruceros gay, una agenda electrónica solo para taxis, pesadillas con papás fascistas y mamás depresivas y automedicables... Cada una de estas aficiones y fobias se interpenetran con otras aficiones y fobias de alguna otra persona, en algún otro lugar, o quizas en el mismo lugar, y este es el hilo conductor, una especie de inconciente colectivo subdividido en apartados temáticos. Los elencos serían rotativos. D, el que está con el vaso de whisky en la mano, posee un negocio de antigüedades en San Telmo, es bastante grueso y bordea los cuarenta años.Tiene un tic nervioso imposible de reprimir. En sus ratos libres es singing coach de coros de asociaciones evangelistas y publicidades radiales. J es accionista de dos teatros de la capital. Atraviesa la cincuentena con holgadez. Lleva un tupée algo despeinado y suele vestir trajes safari tipo Saville Row. Los tópicos usuales de las conversaciones versan sobre tamaños, intensidades, y olores corporales. Surge entonces este omnisciente triunvirato de locas estúpidas que apoyadas sobre una barra miran a los demás seres humanos en derredor como si fueran carne empaquetada. Potencialmente cada frase arranca las risas de un coro pago de tías y abuelas. Las similitudes con Sex & the City pueden ser obvias. En todo caso el factor disociante es el acusado, intenso deseo de morir de los protagonistas. La disco, un bar, y el piso de A son los tres escenarios de rutina, aunque de vez en cuando los servicios del bar funcionan como el remate de algunas situaciones, el momento catártico. Ocasionalmente los vasos se despegan de la barra y flotan.
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56-Hernias de disco, de hiato, de triptongo y de ojete; tratamientos y recuperación, por el Doctor Manforte
57-Raquel Bollo y el Nuevo Iluminismo, por Raquel Bollo
58-Patolandia Nuclear y otros filmes de culto del cine argentino de los '70, por Mercedes Sosa Sosa
59-Cotorrita tiernizada y otras delicias de la cocina peronista, por Keta de Pirolo.
60-Consejos para prostituirse en casa y sin dolor, por la Lic. Goyanes
61-Intertextualidad, metatextualidad, transexualidad y fisting en la obra de Corin Tellado
62-Fantasmín, Sr. Conchudo, y otros personajes de la literatura infantil uruguaya, por China Zorrilla
63-La rebelion de las masas finas (y el contraataque de las masas secas) - Curso de reposteria a cargo de la profesora Buñuel
64-"La Tía Cachitas" y "La sobrina de Pene" - Comedias costumbristas en dos y tres actos respectivamente,
65-Como gané la Guerra del Peloponeso, por el General Lambrusco
Oblivion

He perdido la noción del tiempo
encerrado en esta casa.
el transcurso de los días, mis cuadernos
anotaciones obsesivas
relojes de trazo grueso
bromas del destino
en las páginas amarillentas
donde se halla la ironía?
Esperando a Dodot

Una situación precaria me obligó temporalmente a vivir en una casa de adopción. No estaba preocupado, ya me había sucedido antes. Aunque esta vez la familia me resultó un poco extraña. En la casa me destinaron un cuarto pequeño y destartalado. Caía el agua, desde una gotera, sobre el ordenador. Mucha humedad. Había una anciana en esa familia. Era japonesa? Quizá era que estaba ya desequilibrada por la demencia y chocheaba. En todo caso, todos eran extraños para mí, tan extraños como una mantis religiosa de dos metros posada sobre mi cama. Sobre esto reflexionaba cuando entré en la casa desde la puerta de calle (claro, no podía entrar desde otro lado, no?) y me encontré con él en el patio. Su vestido, floreado. El bolso, ínfimo. Los tacones, tres tallas más grandes y el sombrero de playa, despampanante. Las gafas de sol gigantes, como de cotillón, bien podrían haber venido en cualquier chupetín Topolino con sorpresa...Estaba mirándome, pero no me estaba mirando. Se movía rítmicamente sobre la altura de sus tacones al compás de una melodía de blues muy antigua, pero nueva, algo así como este nuevo primitivismo en el que Moby o Coco Rosie se regodean, un poco ñoño en su construcción. Su amusicalidad toma por sorpresa. (El gospel repetía "Circle in the saaaaaand" ad infinitum). He dicho que me miraba, si, pero en realidad podría haber estado mirando a un insecto que entró por debajo de la puerta, algo completamente aleatorio. Se movía hacia arriba y hacia abajo, los volados de su vestido se agitaban palidamente, haciendo notar la inmovilidad del mismo, como si estuviese demasiado almidonado. Me hizo recordar a la Daisy Duck, la señora de Donald. Era la señora de Donald, o la novia de siempre, no se. Nunca se habian casado, no? Se dió vuelta. Girar en derredor sobre sí misma le resultaba difícil. Con semejantes tacones...Entró al comedor. Estaban allí sus padres? Era su casa? La gente que me habia adoptado era parte de su familia, de eso no cabía duda. Así estamos...
cinco monedas silesias
P. K.
El recado de ir a ver tus ojos verdes.
Me dijiste: "Ven a ver a mi prima"
(do you go to ognisko? my kuzynka ładna...)
La tristeza de tus dieciséis años.
Aun te veo jugando con tu cámara.
Aquel zarcillo con el que pretendías ser un hombre.
Y luego nos perdimos (o fingimos perdernos)
por los robles e intentaste besarme y yo te dije:
"Do domu!"* ¿Lo recueras?
Luego comimos naranjas y translúcidas
uvas de iridiscente piel al borde del Nysa.
La rauda sombra de un ave sesgó
tus ojos cerrados durante un instante
que nadie más vio y que solo yo recuerdo.
*Do domu!- ¡Vete a casa!
Wrocław, 21 años
Quiero ser y no puedo.
Debieron maldecirme al nacer.
He buscado la señal por todo mi cuerpo.
¿Qué hora? ¿Qué hora era?
Siempre pierdo los relojes o más bien
se rompen de puro aburrimiento.
Hoy unos ojos turbios, legañosos, me miraron
unos ojos negros, en un bar del Rynek.
Nada pude tomar.
Nada pude entregarles.
Cuando llegué, zorra,
cuando llegué al mundo tú estabas de viaje,
palpitaste en el mármol,
me abandonaste a la bronca herrumbre de mis veintiún años,
ignoraste mi lengua y mis manos,
despreciaste mi voz.
Te dejé un mensaje en el contestador.
El sosias
Durante una mañana de cisnes y aguanieve
barro y putrefacción, alegría!
en una isla de Wrocław
fuiste de nuevo en otra persona;
al punto libraste de sus murallas las ciudades
y creíste gobernar la humanidad entera.
El extraño fenómeno duró un segundo
de esos que se dilatan durante años
y se esfumó al llegar las voces de la guerra
con el unánime vuelo de las palomas.
Ese mismo día, por la noche,
después de una huida que duró siglos, silbaron
las Variaciones Goldberg, mentirosas,
en un bareto terminal de Cracovia.
Me pregunto ahora dónde que quedó todo aquello
que me dijiste, acaso vengan ahora
las armas de destrucción masiva,
la voz de la memoria que inquiete a las avispas,
el insondable olvido repleto de tantas cosas. Quién sabe.
Acaso deba olvidar yo ahora;
Acaso, después de todo, tengas razón.
Adán
Una voz hendió la oscuridad.
No contenía entonces lenguaje alguno
que no fuera imagen o símbolo
del miedo a los lobos o del asombro.
Socavando el silencio de los aires primarios
unas pisadas clausuraron, insomnes,
el pasado virginal de las arenas del cobre.
Fue entonces cuando el primer hombre
miró sus manos ausentes de líneas,
todavía limpias e ignorantes sin
órdenes de un dios implacable y solitario.
Arriba germinaban las primeras estrellas
y un gran disco dorado prodigaba su luz dispersa
desde la lejanía de su altiplanicie,
más allá de las aguas fatales que él temía
y que algún día surcarían sus hijos furiosos
en una precaria balsa de metal
anudada por un par de fórmulas matemáticas.
Tal vez la inocencia que buscamos no sea
abolir la cámara de gas
o marcenar con leyes la tierra de la labor.
Tal vez la inocencia
sea aguardar al véspero planeta
que navega en la medianía de la luz y de la sombra,
y recuperar ese miedo y ese asombro,
primitivo e infantil de saberse desnudo,
desvalido y mortal
en la unánime noche.
Crisis ontológica
(No sé exactamente el qué ni con qué norma
nos rige en su tablero.
Hoy he sentido gravitar su sombra.
Que su hijo fuera o no clavado en un madero
o por el contrario muriera tan ricamente,
enferma, borgiana o suicidamente...)Labels: movimientos:perpetuos
Out of print - Catálogo de libros discontinuos nº 2

15-La jojoba como camino a la autorrealización personal y profesional, por Amalia"Yuyito" González. Editorial Desconocida. 20 páginas.
16-Devo scopare! - Memorias de una ninfómana de provincias, por Enriquetta Massone. Editorial Inmundo de Amicis. 343 pags.
17-Corazón de pelele, por Norma Tapiocca. (Guión de la novela televisiva emitida por Telepuré en 1983). Editorial Puertorican Wonders ltd. 987 pags.
18-Del Martín Fierro al Padre Tereso: Antología del poema telúrico rioplatense. Editorial Ahijuna. 538 pags.
19-Moda 2007: predicciones, tendencias, nuevos cortes de pelo y sus consecuencias bacteriológicas, por Ivo Futury. (Ex astrólogo oficial del papado). Ed. Opus Dei.301 pags.
20-La promesa del plástico: La irrupción del "tupper" en la vida del ama de casa americana en los años 20. Editorial Centro de Altos Estudios Coconna. 2898 pags.
21-Teresita Bechamel, la reina de la salsa.(autobiografía). Editorial Penossa. 300 pags.
22-Hoy soy un krill, mañana una cigala. (Fragmentos del "Poemario Evolucionista" del Almirante Susini). Editorial Tri-Tri. 45 pags.
23-La tea humana: una crónica sobre las inmolaciones espontáneas en el Matto Grosso, por Betty Pajares. Editorial Cienfuegos. 599 pags.
24-"Querida hija de puta" : Drama familiar epistolar en 3 actos, por Graciela Pal Caraj. 30 pags.
25-La decisión de Salo y Mónica- vodevil judío en 3 actos. Anónimo. (incluye comentario psicoanalítico del doctor Rascovsky). 150 pags.
26-Manual práctico de satanismo, por Matt Demon. Editorial Santa Clara. 200 pags.
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CAPITULO II ,EN EL QUE MAMÀN SE RETRACTA Y HUYE A LA COSTA PORTUGUESA EN BUSCA DE PAZ INTERIOR

Era un día frío como el hielo, y Mamán...
Mi primera reunión de "Tupper"

Hoy les quiero contar de las reuniones de "Tupper" que se celebraban en mi barrio el primer fin de semana de cada mes. El Tupperware es una gran franquicia que vende/fabrica recipientes plásticos para comida de todo tipo de formas y de los colores mas graciosos que se puedan imaginar. Nada mejor para mantener un guiso bien caliente por aquí, un gazpachito bien frío por allá (esto me lo estoy inventando: en la Argentina el gazpacho simplemente no existe, yo mismo pensaba hasta hace poco que era una especie de bufanda). En el barrio eran conocidas como "Las chicas de Tupper", amas de casa de clase media-alta un poquito inútiles y aburridas, con trastornos bipolares la mayoría, que se automedican a mansalva y que no tienen mayores preocupaciones que conseguir esas pantymedias que hagan conjunto con aquella blusa morada o tener el guiso carrero siempre a punto justo para la hora de la cena. Cualquier lumpen diría que son los detritos de la vieja sociedad patricia de fines del siglo XIX, naturalmente acomodada y sujeta a la tradición, ahí, pujando por una ensaladera amarillo patito. La que gane emitirá gozosos grititos de júbilo, imaginando las horas de diversión, la cantidad de usos posibles que le podría dar a esa extraña superficie cóncava con estampados de florecillas tornasoladas (el último modelo). Pujan y pujan, y alguna se sirve un whyskicito con media pastilla de rohypnol, mientras sus hijos juegan descalzos afuera, preguntándose por qué su madre se parece cada vez más a Robotobor y el maquillaje se le escurre por la cara como si fuera de fórmica sin darse cuenta. Muy bien, se las puede contar como otras de esas "casualties" para agregar en la lista de víctimas de la falocracia argentina de finales de los'70 (recordemos las películas de Palito). Elegantemente lobotomizadas, nadie ha desaparecido nunca. Felices si al apagar la luz el último libro de Silvina Bullrich sigue ahí, en la mesita de noche... Un día pasaron por debajo de mi puerta una tarjetita de invitación. La promotora se llamaba Mary de Mieri (o algo así). Y entonces mamá se unió a ellas. Jamás me contó de su infelicidad. De las terribles ganas de que alguien se la cogiera de vez en cuando. Del nuevo e irracional pavor que comenzó a sentir por los productos de la última línea de Revlon. Solo se fué un sábado sin decir nada, como una de las poseídas de Stepford... Siempre así, pujando y pujando. Hasta que la Yoli se suicide, o la Norma le pegue un tiro en las pelotas al marido.
Labels: microrrelatos
la petite mort
Exterior día terraza
Azul despoblado
Eléctrico, casi turquesa.
Una chica hace topless entre las unidades de refrigeración
En off una oscilación metálica e histriónicamente laxa.
Los límites de su piel son una herida en cielo
En off los pajaritos cubiertos de gas.
Sentido de la realidad deficiente.
Producción o simulación intencionada de signos
Físicos o psicológicos.
Un libro abierto
El cielo se cubre poco a poco de ventanas
De ojos y antenas
De cráteres sensibles en las yemas
De los dedos, una especie de
Semiosis infinita de
Dirección unívoca y la muerte...
No hablemos ya de la muerte incongruente
esa artificiosa afección laica
Una pseudoicteria provocada por
La ingestión de ácido pícrico
En la Gran Guerra de 1917.
Todo luce bajo el Sol
Como recién labrado
Labels: movimientos:perpetuos
el abejorro de la duquesa de guermantes
Nada es tan sencillo como parece. El abejorro que fecundó la orquídea de la duquesa de Guermantes dedicó millones de años a tal efecto.
El cocinero ha terminado su jornada laboral. Es hermoso, puedo verlo desde aquí, un adonis sudamericano apoyado en el cubo de la basura, fumando un cigarrillo circunspecto, un corazón moribundo y rojo, que respira en el intestino delgado del casco viejo, es la hora en que los ayudantes de cocina sacan los cubos de basura, los camareros revolotean como polillas hipnotizadas por los farolillos de las consolas, los cocineros fuman. Dentro del restaurante una pareja de enamorados se escruta absortamente. Un organismo bicelular sin cerebro. Ella lo mira. Él la mira. La mira ensimismado, como si en el rostro de ella se pudiera ver a si mismo reflejado y viceversa: ella lo mira idiotizada y al punto están los dos de ahogarse en la confusión especular. La imagen se desarrolla estáticamente, todo lo que les rodea desaparece, se difuminan como un óleo sumergido en aceite.
A veces me dan ganas de echar belaiki y dragonera en el carpaccio, no es envidia, simplemente es que a partir de cierto nivel estético el amor puede resultar negativo para la especie, algo así como un triángulo de las Bermudas en mitad de nuestro mapa citogenético. Millones de años de refinamiento y diseño inteligente para esto.
buscando a la señorita Trixie

He abierto unas cuantas cajas, buscando algo. Tal vez unas fotos, un pedazo de jade encontrado en la boca de un muerto, un marco vacío para el estudio, algo con lo que aplacar esta pulsión, este basso continuum, esta pasaglia po polsku... No sé, algo echó raíces ahí, bajo el ombligo y no puede uno controlar su voluntad durante días enteros, inclusive semanas. Cuando no me encuentro inmerso en la búsqueda indecisa y movediza de mi ser estoy durmiendo. Y cuando no estoy durmiendo y no estoy inmerso en una búsqueda indefinida y bulímica de algo, unas líneas de Susan Sontag o la mouse de rasage de Biotherm para afeitarme las pelotas después de la siesta, un solo gesto entre el índice y el pulgar basta para que todo vuelva a rodar. Así que esas tenemos ¿no? ¿volvemos a la antigua querella entre poesía y verdad? ¿que en Francia ya no saben qué hacer con Sartre? ¿dónde puñetas estará la crema hidratante?
Me giro, lo miro, digo algo, Lars pone cara de aburrimiento. Todo se me vuelve reversible y aun así no sé qué hacer con este pibe desnudo que no conozco, que mira con ojos sesgados lo que para él parece ser un jeroglífico, porque sólo habla danés, y su español es mínimo, aunque nos las apañamos para que nuestras conversaciones se vean limitadas a decidir si vamos a la cama antes o después de comer; ahora más o menos le entendí que había leído en alguna parte, un artículo de sexo tántrico o algo así, que no es recomendable follar con el estómago vacío; yo, que no soy nada supersticioso y ya he comido, le propongo aplazar el almuerzo e ir a la cama directamente. Lars es apasionado y también intenta ser complaciente; a veces, nada más llegar a su apartamento, se desnuda en un pestañeo y arroja contra mi su cuerpo lampiño, retorciéndose como una serpiente dorada; últimamente me nota poco receptivo, aun así intento no contradecirme y le sigo el rollo de nuevo. El resto es historia. El resto del tiempo intento mantenerme entretenido con cualquier cosa.
Labels: microrrelatos, tentativas
Conseils à un petit enfant

Si no eres lacaniano, pincha aquí
Buscando en el baúl de los recuerdos:::Ultraplayback
cómo decirte, cómo contarte, luke,
no te has dado cuenta de lo importante que
es, luke, examina tus sentimientos,
juntos dominaremos el universo,
no hay escapatoria, no tengas miedo,
en esta historia no hay malos ni buenos,
olvida todo lo que has aprendido,
dominaremos la galaxia como madre e hijo.
no te imaginas lo hermoso
que es el reverso tenebroso, luke,
debes estar contento,
completaré tu entrenamiento.
(...)
era tan joven e impresionable...
Out of print-Catálogo de libros discontinuos Nº1

1-Vida y amores de la Duquesa de Coles, por Nicoletta Ch.Puzzi.(Novela pseudo-histórica) -Editorial Parsifal.952 páginas.
2-Los muchachos maoistas, por Isidora Mussolini.(Reseña histórica multi-interpretativa) -Editorial Lumpen.650/2 pags.
3-Doctor Deckard, o de como un filósofo existencialista terminó sus días como chapero en la Côte D'Azur, por Rick Talavera Fuentes.(Novela de ciencia ficción) -Editorial "El círculo cuadrado".400 pags
4-Funiculí funiculó, por Silvano Mangazzo.(Comedia seudo-proustiana en 3 actos) -Editorial"Las malas artes".352 pags.
5-Fracaso cuando esperan demasiado de mí (y tambien cuando no esperan nada), por la Doctora Joyce Cardozo.(Manual de autoayuda) -Editorial Malatesta.350 pags.
6-El gato montés pajillero y otras criaturas ibéricas en peligro de extinción, por la Doctora Chacón.(Divulgación científica) -Editorial Süller.720 pags.
7-¡Que asumo la presidencia!, por Terencio Paniagua Parravicini.(Vodevil electoralista en un solo acto) -Editorial Tereré.25 pags.
8-Perdido y encontrado, por D. Petrona Cacharel.(Textos inéditos,ensayos y consejos de limpieza y planificación familiar) -Editorial Opus Dei.398 pags.
9-Pedazo de puta, por Rafael Garañone.(Biografía no autorizada, luego autorizada y otra vez vuelta a desautorizar de Elena Bufardini.)-Editorial Trillado.309 pags.
10-Senza profumo,por Enrico Lo Flatto.(Biografía de la cantante italiana Gigliola Pavotta) -Editorial Parrucca.542 pags.
11-Como ser egoísta sin culpa, por la Doctora Rousselot.(Manual de autoayuda auto-complaciente) -Editorial Pamí.210 pags.
12-Tos convulsa:1001 recetas con cardamomo,mostaza y papel machè, por Dorotea D.Sastre -Editorial Bolita.289 pags.
13-La reencarnación de Doña Encarnación, por Bram Torke.(Seudónimo de Luis Peristílo).(Novela de horror gótico) -Editorial Gargamel.820 pags.
14-Arzobispo Pettone, o de como una de las figuras más rutilantes del Clero romano se transformó en una prostituta con tetas de filamento de oro, por Esther Patchouli Patchouli.(Ensayo histórico-especulativo) -Editorial Titina.587 pags.
Labels: out of print
Ya está,Maman,lo he quitado.Era puro white trash...
Opening scene (para un film futuro)
Lento travelling sobre la superficie de un río de aguas negras y espesas. (Posiblemente La Boca del Riachuelo, en Buenos Aires). La cámara asciende hacia una explanada portuaria, una callejuela humeante y desierta. Es un día gris y oscuro. Una mujer de mediana edad aparece desde el extremo derecho de la pantalla. Va vestida de negro, y lleva un sombrero extravagante del cual pende un tul (tambien negro) que cubre parcialmente su rostro. Se puede casi intuir una media sonrisa oculta detrás del tul. Lleva un cochecito de bebé muy antiguo, de apariencia decimonónica. El eco de sus tacones sobre el pavimento mojado es lo único que se escucha en la banda de sonido. De pronto se detiene, justo en el bordillo de la explanada. La cámara va ascendiendo muy despacio desde los zapatos, hasta detenerse en el rostro, del cual solo podemos ver los labios pintados de un rojo furioso. Un rictus extraño tuerce la boca levemente hacia un costado mientras comienza a escucharse, como distante, una melodía triste ejecutada por un solo violín, en un estilo vagamente ceremonial. (Contraplano esfumado del violín, sugiriendo la presencia de un músico callejero en las cercanías). La cámara toma sus manos, surcadas de venas enormes, imposiblemente ajadas para alguien de su edad, crispadas sobre el manubrio del cochecito. Nuevo contraplano de la figura entera de la mujer, tomada desde el río, y el cochecito, al filo del vacío. Las manos lo inclinan peligrosamente sobre el borde. Cada vez más. Un bulto se desliza a través del tul. Es el niño que cae a las aguas putrefactas. Alguien grita. (Ruedan título y créditos desde abajo hacia arriba, como saliendo del agua a la superficie). Labels: cosmovision
serotonina
Once veces grité puta al aire
Y las nubes gemían grávidas gotas en mi pierna
Tu polla en mi pezón perla negra fiera y brillante
Sólo pretendo beber de tu frente muerta
Pedacitos palabras bajo la almohada
(Y me voy con el corazón en un puño
Con el cielo en un puño
Y un nombre escondido párpado lúgubre somnoliento)
Dónde está el mar?
Labels: movimientos:perpetuos
incubus

Charlaban amigablemente cuando el humo y la música desataron el discurso del borracho:
-"A los perros siempre les han interesado cosas incomprensibles para mi; sin embargo, a los gatos los entiendo mejor... Mentira... je, je... sé lo agradable que es sentirse poseído por alguien, tener dueño... A menudo breves soledades te seducen diciéndote que eres independiente, que sabes pasar la vida en soledad porque eres capaz de amarla... pero en seguida la notas y se hace enorme... Es como cuando intentas meditar la primera vez, te centras en alejar los pensamientos y cuando crees que lo logras es porque ya estás pensando otra vez... y así es el mecanismo del tiempo, o más bien del aprovechar el tiempo, porque cuando crees que estás sintiendo el momento, ya ha pasado... Sólo quedan las cicatrices... Creo que ya me he dicho antes esto... me persigue el fantasma de lo efímero... ¡Me encanta vaguear, estar sólo conmigo mismo! Y sin embargo, lo social requiere trabajo y esfuerzo... me abandonan las fuerzas con pensar en charlar, en entender lo que se dice y lo que se pretende decir, ¿segundas intenciones?, ¿pretensiones y victorias que demostrar?, ¿preocupación por alguien que te la pide?... reconozco que las ondas mentales que mandan el resto de seres humanos a su congéneres me fascinan, las percibes, las haces tuyas y las moldeas, casi el control sobre otros fluye de forma natural y se apodera de tu alma, como si la esencia de los demás se sobreimprimiera sobre la tuya... pero también me cansan... no me dejan oir las mias propias... y dicen que lo peor es que nadie quiere escuchar ni las suyas ni las de los otros, las lanzan al exterior, a quien más cerca le pille, para poder deshacerse de ellas cuanto antes, como si quemaran... ¿eso es comunicación, eso es la amistad? ¿disparar la lanza del veneno de tus demonios al que primero se entrometa, aunque haya sido por una total casualidad aleatoria, ya que se sentó a tu lado en un banco, en un autobús, en clase, o fue tu vecino? un nihilismo total enmudece palabras de comprensión porque en realidad no me pertenecen, tiene que haber alguien más cerca de lo que yo estoy... Sólo es el momento de la charla, pero es la charla con un desconocido uno de los momentos más efímeros y emocinantes en esta sociedad de encuentros fortuitos donde nadie conoce a nadie; un pueblecito con poca gente se vuelve en sociedad de sospecha, si el tedio de la convivencia eterna vuelve paranoico al personal, o en pasotismo, si el desinterés se apodera del tiempo cíclico y repetitivo del día a día... Reconozco palabras muy definitorias de mi estado de ánimo en mi reflexión, y es que ya están dichas, ya son ideales, teorías, frases hechas o nombres propios. Pero piénsalo, son totalmente abstractas, representan sin relación alguna con la realidad fantasmas de la mente, a la vez imposibles de encontrar con la misma forma fuera del uno mismo y que, sin embargo, se identifican entre ellas como algo de la misma naturaleza, algo que muchos reconocemos como tal sin tanta vuelta... ¿da miedo verse inscrito y definido en una palabra?"- y cayó como un tronco sobre la mesa, roncando. Siempre habíamos creído, sus lectores, que la parafernalia académica estaba acabando con él; intrigas y calumnias le mordisqueaban los tobillos hasta hacerle sangrar, y a menudo creía sentirse orgulloso de ello... pero todos los que observábamos su vida con interés sabíamos que se mentía; nada se nos escapaba, vivíamos de su álito vital, eramos como parásitos... Pero me explicaré: somos los ávidos personajes de su vida, le observamos desde su propia alma y a menudo lo dominamos... Fuímos entrando paulatinamente en él, al principio como miedos, al final en forma de amigos pues nos estaba empezando a calar... para decirlo de otro modo, somos los que hacemos posible que se mienta y que no se suicide...
"Reconozco también -dijo, levantando de nuevo la cabeza y retomando lo que decía, como si no hubiera pasado esos minutos de ronquido en ronquido- que he conseguido ver mayúsculas en los discursos, nombres propios para las ideas que otros han sabido describir muy bien, aunque no se sepan padres de una nomenclatura, excelentes compañeras estas para un nombrador de la realidad como yo... siento que si no encuentro palabras que reconocer en todo lo que paso por el filtro de mi vida individual, no soy capaz de entender nada, al no poderlo volver a ver como tal en una próxima ocasión... el lenguaje, enemigo de la razón porque vive lo que ella piensa, es también el único aliado de esta en su obsesión de nombrar, regular y archivar... Algunos creen en el arte porque parece independiente de la razón. Este pensamiento resulta de considerar que el genio se pone en contacto con la parte más sensitiva del hombre, que es para algunos divina por serles desconocida y para otros animal por ser lo más humano... y resulta que en todo entra una razón, porque hasta el más tonto actúa por algo, sólo que los genios-artístas razonan en otro sentido al de la mayoría de la gente... Casi todos preferimos lo que nos ponen delante, para no complicarnos, y es por eso que todo es tan parecido a sí mismo, es por eso por lo que entendemos el curso de la historia como algo lineal, por lo que encontramos una identidad en lo que nos rodea, en esta evolución que vivimos y seguimos...glh,glh,glh..."- y se vuelve a desmayar... eh, esto se nos está llendo de las manos, ya no obedece al miedo de la timidez, humildad que esconde sed de gloria, soberbia y mezquindad... A menudo lo controlamos insuflandole una seguridad ficticia, tanto que él la sabe un pequeño soporte de humo, pero le envuelve y no le deja ver su realidad durante un momento... es cuando pierde los papeles, se descubre la cara al no ver qué tiene delante y lo mejor es verle enrojecer de vergüenza al darse cuenta de ante quién ha hecho visible su mezquindad artificial o, lo que es peor, su verdadero yo, porque en ambos casos se desmorona, al sentirse estafador o desnudo... No somos malos, él nos necesita, si nos dejó pasar es porque ya no era capaz de soportar las cosas tal y como son, asi que nosotros le hacemos creer que está en contacto consigo mismo, pero nos encargamos de nuestra recompensa sacando de él lo que necesitamos... en realidad no confiamos en él, si le dejaramos las riendas, si dejaramos nuestra existencia y necesidades en sus manos, esto sería un circo, o no nos satisfaría, o !nos mataría!... Los seres humanos están demasiado en contacto con su locura... tal vez sea por eso que decía el profesor, por la forma en que perciben, tan fragmentaria, dominada por el tiempo, el espacio y los nombres... y el poder y la muerte...
-"Hubo un tiempo en que te llamaron maestro, ¿tan lejos estás de aquel entonces que ahogas en la absenta tu propio yo? De hace media hora para acá te has vuelto desconocido; antes te creía mi alma gemela..."- <> Si, nosotros le susurramos el final de la frase, esa que adivina nuestro pobre profesor en su interlocutor; lo vemos en su cara de interés truncado, tan bien marcado en su rostro, tan bien reflejado sobre su ánimo todavía atento a los demás. Se mira en el espejo de enfrente, detrás de la barra, y la opresión en la garganta por sentirse desenmascarado, juzgado, lo ahoga y le hacen empalidecer...
Un corazón se rompe... otra vez... Hemos vuelto a ganar... Lo mantenemos a raya y los estupefacientes hacen el resto...Mañana será otro día...
inspiración...?

Me veía en los pedazos rotos de la bombilla, descojonándome. Era la tercera vez que la tiraba... Estaba sentada al borde de la cama, debatiendome entre hacer recuento del destrozo que provocó el accidente o correr a escribir...Por última vez explosionó, fugazmente... débiles cabellos que lanzaban un quejido final, como para no extinguir definitivamente su fuerza... simplemente estalló... décimas de segundo... creí que ardía la lamparita... creí que ardía la sábana suave... ¡creí que ardía yo! Me levanté precipitadamente, salté de la cama como enfebrecida, la idea se presentaba ante mí... y, la lamp... la... ¡la lámpara! ¡Mierda! ¡Otra vez no!Estalló en mil pedazos... la lluvia me pilló en mi huida... Me lancé como tomada en ciernes por la Inspiración, y la catastrofe me asoló... Justo antes la había visto, en una prístina moneda asiatica, en mi propia cara ovalada y metalizada... a manera de espejo me retrataba... subía y bajaba por mi rostro... Una mirada penetrante se iba formando bajo la máscara de juventud y tiempo, el inicio de un final sin remedio, lento, en apariencia inexorable pero que escondía la eternidad de saber lo que te espera... El ojo se precibía bien... y cuando al principio era sólo el de una muñeca rota por la vida, y las drogas y el cansancio menguaban su curvatura tersa en arruguitas de agradable descuido, una lágrima densa se perfila... no cae... no es de un sentimento... sólo sirve para marcar ese perfil... casi como uno de esos cristales redondos y pesados, disgrega la luz en colores... pero en la sombra de la noche se oscurece... toma refugio al abrigo del párpado de abajo y enrojece la habitación entera...Y el ojo había estallado ensangrentado, sin haberse movido ni un milímetro... permanencía en su inconsistencia malva... Pero quien me esperaba estaba más adentro... La pupila se volvía inmensa hasta que la cuenca del ojo adoptaba al vacío... o el iris resistía la ofensiva agrandádose y cambiando de color...¿quién se habría imaginado que la muñequita escondía nuevos secretos? el castaño oscuro de toda la vida se pasaba a un marrón cada vez más amarillo y anaranjado... pero fue un reflejo que se aparecía profundidad el que me inquietó... ¿soy yo? No puede ser, veo la silueta de un cuerpo entero... je, que tontería... sin embargo, algo que provenía de ella iluminó mi mirada... le dió vida... y no quería que se perdiera... destrocé la bombilla por querer inmortalizarla... ¿es malo?.
te extrañamos, maman...
Hago referencia a una cosa y esa cosa hace referencia a un cuerpo.
Emergió la voz allá en los albores de la mentira como una bóveda ficcional,
corrientes submarinas
recorrieron aceradas mi cuerpo, bañando bajo los élitros
las alas auténticas, divinas, purpúreas, escarchadas como el hueso.
Mi cuerpo llenó cada centímetro cúbico con la ausencia sublime que
cerca y engulle gélidamente el vuelo intratable de la cera;
la corteza del árbol donde los muchachos se masturban,
los muslos inacabados, aquellos primeros muslos de piel trémula y clara,
la vejez que aguarda con dientes sintéticos el ósculo sabor a terracotas
llamaron por igual a mi cuerpo, mi cuerpo ungido por el viento;
luces que oscilan, tibias, en el interior de mis pupilas engañándome,
haciéndome pensar que son naves fenicias y no speed lo que surca mi boca.
Ni todos los azules
aparentemente inmunes en el horizonte.
Todo este derroche de amor y vergüenza se dilatará en la vida cotidiana
como un escupitajo a las puertas del cielo
o un insecto que describa su curva electrónica
en las orillas invisibles de la espada.Labels: movimientos:perpetuos
A último momento intentó corregir la dirección del coche, pero fué solo por inercia. Por nada del mundo borraría de sus recuerdos ese instante sublime en el que mamá dejó de insultarlo y su boca carmesí dibujó una O perfecta, y los ojos pequeñitos detrás del grueso del maquillaje se fueron abriendo cada vez más, y más, y pareció que iban a salírsele de las órbitas. El asombro le abrió la puerta al horror, y mamá comenzó a gritar, y su chillido fué agudo como el de un cerdo apenas siente el frío del metal atravesando su carne. Siguió acelerando, cada vez más a fondo y sin mirar el camino delante. Solo quería mirarla a ella, y la desesperación granguiñolesca que se apoderaba de todo su cuerpo enjuto. Estaba seguro de que mamá jamás había imaginado algo así. El viento que entraba por la ventanilla estuvo a punto de volarle la peluca, y él lanzó una carcajada que considerando la situación sonó funesta . Entonces ella desvió los ojos de la ruta, y encontró los suyos, y le suplicó piedad. Ese gesto de piedad que en cuarenta años jamás le había concedido. Por eso a último momento intentó corregir la dirección del coche, pero fué solo por pura inercia. Sabía que era demasiado tarde para corregir cualquier cosa.Labels: deconstrucción:de:maman

Habían terminando. Se notaba claramente desde lejos. Allí, sentados en el banco de esa plaza desangelada, rodeados de árboles secos y cagadas de perro diseminadas alrededor como fichas de un juego de mesa itinerante y absurdo. Aún no consigo olvidar la expresión en el rostro de la chica, una tumba hierática de desamor y de espanto, perpleja ante un nuevo abanico de posibilidades, todas funestas. Sus pómulos altivos, un baño de lágrimas resplandeciente. Las gafas de montura gruesa le resbalaban por el puente de la nariz y se las acomodaba en una actitud penosamente compulsiva. Él, a su lado, solo fumaba en silencio, impasible frente al dolor ajeno, disfrutándolo quizas o rumiando el propio muy en su interior, incapaz de articular una palabra que justificase tanta tristeza, deseando huir muy lejos de esa tarde, de ese banco rodeado de árboles raquíticos, de ella... No alcancé a ver bien su rostro, una maraña de cabellos rubios le cubría los ojos; pero la amargura era palpable, flotaba en el aire como una peste, me enfermaba por dentro. Fue más de lo que pude soportar, ojalá se entienda. Se levantaron del banco y los seguí en silencio. El alzó su voz en cierto tramo de la caminata, creí distinguir un "puta" articulado con saña, apretando los dientes. Se dirigían a su piso, contiguo al mío. Tantas veces mi insomnio se había poblado de sus risas, sus gemidos orgásmicos me habían colmado de felicidad en tantas ocasiones... Me abrieron la puerta de calle sin decir palabra. El ambiente en el ascensor estuvo denso, se podría haber cortado con tijera. Finalmente en el pasillo, antes de que ella pudiese sacar las llaves de su bolso, antes de que él se llevase todas sus cosas del piso y se marchara para siempre de su vida, les descerrajé un tiro en la cabeza con mi Magnum 32. Es más fuerte que yo. No puedo soportar que la gente sufra por amor.
Labels: microrrelatos
Biografía no autorizada de Raquel Neira (estracto)
«
La esquela, publicada en The New Yorker esta mañana, reza: “Raquel Neira, the European novelist and essayist who died yesterday aged 71, was a paragon of radical intelligence and austere beauty of whom it was said that, if she had not existed, the New Caledonia Magazine of Books would have had to invent her.” Nunca contrajo matrimonio y sus relaciones, quién sabe de qué tipo, con varios nombres bien conocidos de la alta sociedad bilbaina, resonaron en su día hasta colmar las excelsas cúpulas de L'Ordre des Arts et des Lettres du Biarritz. Nunca habló de su vida social más allá de lo que hubiera hablado acerca de su vida espiritual o sexual, que para su círculo de amistades más cercano terminaba siendo siempre algo demasiado complejo, así como ufanamente predestinado a radicar en lo banal. Lo cierto es que yo siempre la esperaba puntual a su horario de crudités, como un perro en celo, fumando innumerables cigarrillos sobre la cama del apartamento que ocupábamos justo encima de mi consulta. En él escribió sus notas a Feyerabend y Kuhn. ¿Fui yo, acaso, el único hombre al que amó en vida esa puta resarcida, lesbiana y licenciosa, capaz de hacer palidecer al mismísimo Dolmancé?»
Armando Gandiano
"La obsesión de ser Raquel Neira"
Editorial Ilíada
30 € 864 páginas
Labels: raquel_neira

A menudo, en sueños, Antonio se desdoblaba en dos o en tres y hasta inclusive cuatro personalidades distintas. En este mismo instante, por ejemplo, se encuentra en el comedor de una gran casona colonial, tomando mate en compañia de su madre. A medianoche...
Conflictos edípicos irresueltos relativos a una fuerte influencia castradora acusan tamaño desfasaje temporal. Al mismo tiempo Antonio esta presente en las dependencias de servicio, dos plantas mas arriba, fregando platos en el agua del water, un más que claro mecanismo reflejo culposo de su adicción al sexo en los baños públicos. En ese preciso momento tambien esta bajando la escalera, munido de sendas maletas, exultante tras haber tomado la crucial decisión de abandonar a su mujer, una jiennense de cincuenta años con problemas mentales y de motricidad que aceptó casarse con Antonio para que éste pudiese obtener la ciudadanía española; tanta es su felicidad que no repara en la sustancia verdinegra y viscosa diseminada a lo largo de la baranda y los escalones inferiores, y que casi lo hace trastabillar. Al llegar al vestíbulo en penumbras, un chasquido seco, una especie de clac clac absurdo lo sobresalta. Una extraña silueta recortándose sobre el marco de la puerta de calle. Enciende la luz del pasillo para ver mejor al intruso. No da crédito a sus ojos. Una criatura crustácea de 1.50 de alto por 2.20 de ancho (contando las pinzas extendidas). Su caparazón esta recubierto de gruesos pelos rojizos. Antonio intenta gritar, pero de su boca solo salen unos apagados sonidos guturales. La criatura, que es de sexo femenino indudablemente, extiende una de sus pinzas hacia su entrepierna y de un limpísimo corte cercena su pene. Ahora si, Antonio grita exhalando el aire con toda la fuerza de sus pulmones. Cuando se despierta en su cama, su mujer todavía sigue allí, con los ojos desorbitados y una enorme tijera de podar entre las manos.
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En ese momento Adán se percató de que Eva, contrariamente a la costumbre de él, siempre sumergía por completo la galleta en el vaso, empujándola tiernamente con la cuchara hasta que esta se rompía blanda y quejumbrosamente, provocando el delicioso espasmo en sus facciones de niña. El éxtasis se veía sucedido por el fin del hechizo, como si ella nunca hubiera sospechado que todo el encanto se acabaría, en su interior, a modo de una macabra intuición que clausurara sus párpados como flores de estaño. Recordó aquellos desayunos en la cama a las diez de la noche en los que él terminaba contándole algo sobre la instrumentación de tal o cual movimiento en una sinfonía de Shostakovich y lo inquieto que se sentía, cuando ella en realidad ya se había dormido casi de aburrimiento sin haber dado siquiera lugar a algo de sexo, incapaz de levantarse para irse al salón a leer algo o a la calle a pasear al perro, abandonándose a los extraños espasmos musculares que, cada vez con mayor frecuencia, le acuciaban en la cama por las noches, impidiéndola dormir. Eran como patadas al aire, en respuesta a algo inconcreto, que daba cuando se veía a si mismo en la oscuridad como algo incompleto y monstruoso, alguien capaz de estrangular a su propia pareja. Él sin embargo comía galletas como en los anuncios de galletas, pensó de madrugada mientras mullía el cuerpo de Eva en el interior del maletero de su coche y dejaba escapar un sonoro y lúbrico pedo, media hora antes de incinerarla en el horno crematorio de la perrera municipal.Labels: killer, microrrelatos