"Passing lights"

¿Recuerdas aquella tarde en los lagos de Palermo, justo detrás del planetario? El invierno estaba terminando, era una de esas tardes soleadas pero cobrizas, el viento barría las hojas de los árboles como un aliento adormecido. Dimos un paseo por el jardín andaluz tomados de la mano, como padre e hijo (o madre e hijo, para el caso da igual). Me hablabas de tus proyectos infinitos, de que solo te interesaba construir bonitos juegos de artificio, cajas chinas dentro de muñecas rusas dentro de cajas chinas, mientras los patinadores "descamisetados" daban vueltas a nuestro alrededor. ¿Recuerdas el reflejo enrarecido de la luz girando sobre los rulemanes? Fue entonces cuando tras un silencio breve, un pájaro desgraciado te lanzó una cagada desde el aire, justo entre el ojo y el cristal izquierdo de tus gafas. Nos reímos como niños, tu cabello dorado aleteando en la semipenumbra que se avecinaba... (¿Acaso eran canas lo que ardía, como zarcillos secos, entre las hebras?). ¿Y el camino de regreso, lo recuerdas? Las luces infinitas de los coches, en la Avenida Alcorta, la marabunta de gente agolpándose a la salida del shopping, los cachorros desesperando en los escaparates de la tienda de mascotas, el absurdo presentimiento de que el tiempo se habia quedado congelado, suspendido en el tiempo, y que esa tarde de finales de Septiembre se alejaría y regresaría para siempre, como las olas.
"Recuerdos de la Billiken"
"Episodio piloto"

La producción es al estilo de las teleseries de marionetas japonesas de fines de los años sesenta. La acción transcurre en una estación submarina de investigación atómica. Allí trabajan un grupo de científicos de varios países dedicados a la búsqueda de nuevas fuentes de energía y reciclado. Un error de cálculo cuántico desencadena una tormenta espacio-temporal que los envía al devónico superior. El proceso es irreversible, no hay vuelta atrás. Hay un breve período (no demasiado desarrollado) entre la toma de conciencia de la tragedia, la aceptación y el consecuente despliegue de estrategias de supervivencia, como el diseño y la manufactura de redes de pesca para cazar peces acorazados y artrópodos gigantescos, la invención de un proceso destilador de orina,etc...Una vez establecida la situación y el setting se pasa a la trama psicológica. Hay una impronta Bergmaniana en el tratamiento de los personajes y sus silencios. Uno de ellos pierde la capacidad del habla progresivamente. Imagina los cielos cobrizos y anaranjados, kilómetros más arriba, sobre la superficie de Pangea. El capitán se debate entre el cargo de conciencia y el dulce recuerdo de las prostitutas heroinómanas del West End. La única mujer del grupo desarrolla una patología histérica manifestada en una intensa aversión (que más tarde se transforma en pánico) al polvo. Los decorados y el exterior submarino son coloridos, aunque bastante ascéticos. Luego del capítulo presentación, la serie jamás vuelve a emitirse.
"La comédie spiritiste"

1- El avión no encuentra la pista de despegue, atravesando senderos angostos y sinuosos delimitados por filas de arbustos cuidadosamente recortados.
Una vez en el aire, el vuelo es rasante, las terrazas de los rascacielos se acercan peligrosamente. El sol brilla metálico sobre las aguas marrones. Regreso...
2- Rápido contraplano esfumado; El colectivo de la línea 6. Algunas calles me resultan desconocidas. Villa Crespo ha cambiado mucho. Me acerco a la casa de mamá a una velocidad de vértigo, con un zarandeo violento en los tornillos flojos. Hay un edificio en llamas en la urgencia borrosa de la calle. El colectivo para en Plaza Real. La vibración conspicua se detiene.Todo es silencio otra vez. El conductor ha desaparecido.
3- Reunión de agasajo por mi regreso en casa de mamá. Estan mis hermanos. Hay una señora elegante, su cuello arrugado surcado de perlas, recostada sobre el cubrecama anaranjado, como si de su chaise-longue se tratase. Me la presentan. Me abraza. Susurra mi nombre al oído, la "ese" final serpentina, como la "soothing voice" de esa película de terror de bajo costo que siempre estuvo en mi cabeza. Su cuerpo se aprisiona contra el mío, la rigidez almidonada de su wonderbra arañando la superficie de mi camisa de villela. Sus palabras (aunque solo se tratase de mi nombre) evocan un desasosiego posible, la ruina económica y moral flotando en el inconciente colectivo de los que ahora circulan por esta habitación. El ayer y todo su séquito.