2ª nota de suicidio de la señorita Rottenmeyer

No imagino nada más prudente que el suicidio.
Manchar el árbol de la vida con un “SÍ” rotundo.
Y no me refiero a atravesar de cabeza
la superficie ajedrezada
ni a pegarse un tiro en la boca (para nada
un bosque expresionista en la pared,
un pie desnudo y el dedo gordo
colgando del gatillo).
Me refiero a otro tipo de tumulto,
quiero decir, algo
mucho más ácido o prematuro:
una forma de chantaje para unos,
picor de culo en días de viento para otros,
algo que nos recuerde
aquella casa y aquellas habitaciones baldías,
aquel sueño inmarcesible y aquel río
donde los gatos románticos
se comían a las ranas.