Polvos de una relación

Pensé que se iría dando un portazo intempestuoso, apretando los dientes, gesticulando al vacío. Sin embargo su rostro abrigaba una sonrisa subrepticia, a pesar de la violencia de sus movimientos al preparar las maletas, el burdo "dramatis personae" al que me tenía acostumbrado. La libertad se abría ante nosotros finalmente, como el bulbo de una flor joven y pútrida, recien cortada. Más abajo, las luces de la ciudad vieja, titilando como el destino ímprobo vislumbrado por ambos en algún sueño febril y adolescente, huyendo de la vieja agonía, del calor de los caños de escape, en procura de cierto absurdo destino trascendente, expatriados por voluntad propia, lejos de nuestra pequeña alegoría de la nada en una casa a punto de derrumbarse, los abrigos ajados de piel de señora atestando los armarios, el mundo que no gobierno, irresoluto en su caos de humedad y ropa vieja. Supuse que lloraría, y me preguntaría indirectamente, mirando hacia el techo descascarado con los ojos torcidos por el dolor, que qué había sido de nosotros, que porqué tirar a la basura tantos años de completa y absoluta felicidad. Pero nada de eso sucedió. Solo esta calma chicha, desconcertante, preludiando otra "golden age" del desenfreno. Detrás de la puerta había un nuevo mundo, un mundo de cuerpos engrasados. Quizás solo fuera que ya iba siendo hora, una vez más, de explotar el poco encanto que nos quedaba, hasta la decadencia fisica última, la extenuación amoral. Hasta que la soledad nos tocara la puerta nuevamente y volviéramos a estar juntos. Hasta que hubiese que pagar los muertos.
"La poupée"

Todo lo que ayer fué cool; los vestidos tutú, los cabellos revueltos, como esponjosos, las hombreras desmesuradas, los veranos en Santa Teresita, los sueños húmedos dentro del auto fantástico, la palanca de cambios en forma de pene...Los asaltos con papas fritas Bun y la Mirinda, la matinée en el Tarot, los bailongos en Ramos Mejía buscando desesperadamente a "la Susan". Las escapadas de los viernes al autocine de Berazategui, las películas de Olmedo y Porcel, la "Fiesta Temática de la Falda Tableada" donde te culearon por primera vez en un armario lleno de pelucas, tu ansiedad por la llegada de la "Cherry Cola" que finalmente nunca salió a la venta en la Argentina. Los domingos de resaca en lo de la tía Norma y sus ravioles de seso, (¿Quién ese esa chica/usted es.../Señorita, más fina/usted es...) los camioneros, los taxistas, los muchachos del reparto, el pibe de la sodería, el incesante desfile de Betos, Chelos, Ricardos, Luises, Willys entrando y saliendo de tu vida como por una puerta giratoria...Todo ha muerto. Ya lo sabes.